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Laura Mazorra y Javi Calderón vertemos toda nuestra energía negativa en nuestras creaciones, con la esperanza de entretener y divertir a todo aquel que esté de paso por éste, nuestro querido hogar. Fíjate bien por donde pisas y permanece alerta... por si las moscas. Enjoy!

sábado, 25 de octubre de 2014

Colorín Ensangrentado Series: 03 - La Sirenita



Ariel, de pie en el camarote donde el príncipe dormía con su esposa. Sostenía el cuchillo que le había sido entregado por sus hermanas mientras la certeza de que nunca podría volver a su vida anterior en las profundidades del océano caía, pesada, sobre ella. No podía cometer un acto tan terrible como era arrancar el corazón de su amado, precio que debía pagar para regresar. Acarició suavemente su rostro, se dio la vuelta y caminó hacia la puerta. Cuando llegó a ella, el recuerdo de todo lo que había pasado en las últimas semanas la hizo detenerse: el profundo amor que había sentido por el príncipe cuando, aún siendo una sirena, vio su rostro por primera vez; la necesidad incontrolable de convertirse en un ser humano para estar con él, aunque eso significara hacer un trato con la temible bruja de las profundidades, la cual se había quedado con su voz a cambio; el dolor de mil agujas que se clavaban en su alma cada vez que daba un paso con aquellas piernas que de tan poco la habían servido; la pérdida de sus seres queridos, que antaño se agolpaban a su alrededor para escuchar sus hermosos cantos; la incapacidad de hacer entender al príncipe que aquella a la que había tomado como esposa no era, como él pensaba, la que le había salvado de morir ahogado.

Desde el principio de su nueva vida, la esperanza de que el príncipe la viera algún día como ella le veía a él le ayudó a soportar el dolor, a ver esos sacrificios como una simple piedra en el camino de su felicidad. Pero todo había sido en vano. Él había elegido a otra, y ella habría de aguantar esa carga hasta el fin de sus días. Sola.

-«Pues va a ser que no» – pensó. Volvió sobre sus pasos con los dientes apretados, con un rápido movimiento cargado de furia clavó el puñal hasta el mango en el pecho del príncipe.

Por un momento se quedó mirándole, mientras sostenía su corazón, que aún latía en su mano. Los ojos del príncipe se habían abierto de par en par y boqueaba tratando de decir algo, pero tan solo un hilillo de sangre salió de su boca. Ariel salió del camarote ignorando los aullidos de terror de la nueva viuda.

Tras deshacerse de toda la ropa que llevaba encima, Ariel se lanzó por la borda a las revueltas aguas que la acogieron de nuevo en su seno.

Nada más sumergirse, el corazón del príncipe se deshizo en su mano. Su vieja cola reapareció y el dolor producido por sus antinaturales piernas se esfumó. Volvió a sentirse viva, más que nunca tras haber terminado con su suplicio. Quiso cantar, pero tan solo burbujas salieron de su boca. Por lo visto, el trato de sus hermanas con la bruja no incluía devolverle su preciosa voz. Siguió nadando, quitándole importancia al asunto. Al menos volvería con su familia, con sus amigos…

Sin embargo, el recibimiento que le dieron no fue el que ella esperaba. Su padre, el Rey Tritón, enterado ya de todo lo sucedido esa noche, renegó de ella. Quizá hubiera podido perdonarla por abandonar su hogar para siempre por un humano, era joven y alocada, ya lo sabía. Pero lo que no concebía es que una criatura tan dulce como ella hubiera sido capaz de cometer un acto tan abominable como acabar con la vida de otro. Por ello, y con todo el dolor que un padre puede sentir por la sangre de su sangre, la desterró fuera de sus aguas y prohibió su regreso bajo pena de prisión por el resto de su vida.

Ariel nadó durante días, incansable, lejos de todo lo que amaba y que no supo apreciar en su momento. Llegó a un lugar donde las aguas eran más oscuras de lo habitual, incluso cerca de la superficie. Allí no moraba ningún otro ser vivo. Nadie que pudiera decepcionarla de nuevo.

Pasaron los años. Desde la muerte del príncipe los humanos habían perdido el respeto reverencial que desde siempre habían tenido por el mar. Se había corrido la voz de que una malvada criatura enviada por él había sido la que había puesto fin a la vida de su príncipe de una forma tan terrible. Durante un tiempo se dedicaron a esquilmarlo sin medida. Arrasaban con todo lo que se les ponía por delante. Cuando vieron que cada vez era más difícil sacar provecho, no tuvieron reparos en convertirlo en su vertedero. Todos los días, barcos cargados de los desechos producidos por sus ciudades vertían su contenido en las aguas que se iban tornando cada vez más oscuras. Toda clase de basura flotaba hasta el alcance de la vista y poco a poco las criaturas que habían sobrevivido antes, fueron desapareciendo. Solo las más fuertes consiguieron resistir, ente ellas Ariel, pero a qué precio.

Los mares no volvieron a ser lo mismo desde que un puñal empuñado por un amor roto arrancase la vida del príncipe. Ariel se sentía responsable de todo lo que vino después, pero lejos de encerrarse en su soledad y su remordimiento, lejos de compadecerse eternamente, quiso enmendar de alguna forma el mal que había provocado a los suyos.

Desde entonces, por todo el reino se esparcen rumores. Historias de barcos hundidos y de tripulaciones desaparecidas. Unos hablan de una hermosa criatura que hechiza con su canto a los insensatos marineros que antes de darse cuenta zozobran sin remedio contra las rocas; otros, de un espantoso ser que amparado en la oscuridad de la noche aborda los barcos y devora a todo aquel que encuentra en su camino.

Una vez los humanos le parecieron seres maravillosos, pero de ellos tan solo había obtenido sufrimiento. Quizá el devolverles una parte, le sirva para atenuar algo ese dolor que la acompañará hasta el fin de su vida.

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