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Laura Mazorra y Javi Calderón vertemos toda nuestra energía negativa en nuestras creaciones, con la esperanza de entretener y divertir a todo aquel que esté de paso por éste, nuestro querido hogar. Fíjate bien por donde pisas y permanece alerta... por si las moscas. Enjoy!

domingo, 24 de junio de 2012

Colloquium (Acto IV: El desenlace)





Después del incidente de la camarera, Marco puso de nuevo la grabadora en marcha y comenzó diciendo:
  • Esta tarde antes de salir, quizá hayáis visto en vuestro muro de Facebook que me he tomado la libertad de preguntar a vuestros contactos que si tuvieran la posibilidad de haceros una pregunta en una entrevista, cual sería. ¿Os parece bien que incluyamos estas preguntas en la entrevista?
  • Ningún problema – respondió Laura.
  • Al contrario, nos hace mucha ilusión que la gente participe con nosotros, bien con comentarios, preguntas, sugerencias…
  • Pues bien, comencemos entonces. Ediciones Acontracorriente pregunta: ¿Cómo estáis tan fastidiados del coco?
Ambos se miraron de reojo antes de que Laura respondiera:
  • ¿Fastidiados del coco? ¡Qué va!, de hecho, somos dos personas la mar de sanas mentalmente. El problema son las voces, que nos hablan y nos obligan a escribir y dibujar cosas - al escuchar esto, Marco recordó las voces de la grabación, y aunque Laura contestaba medio riéndose, se le puso mal cuerpo -. Dicen que si no lo hacemos nos abducirán y nos llevaran a su planeta para usarnos como comida. Pero vamos nosotros estamos perfectamente cuerdos.
  • Vale, Patry Bruha quiere saber si, en el caso de que tuvierais que compartir casa con alguno de vuestros personajes, ¿lo haríais con los niños malos o con los del Freakfanato?
  • Ya compart… - comenzó a decir Javi justo antes de que el codo de Laura se le clavase en las costillas. Marco abrió mucho los ojos y tuvo que hacer grandes esfuerzos para no bañar a la pareja con el trago que acababa de llevarse a la boca.
  • Pues verás yo si pudiera elegir, no elegiría a ninguno. Bueno, quizás a Etel y Ludvik porque son nuestros pequeños “yo” – prosiguió la Desquiciada mientras su compañero recuperaba el aire y la miraba con gesto serio. Laura continuó, sin hacer caso, con su respuesta -. Me gusta dormir a pierna suelta sin tener que andar pensando en que alguno de los pequeñuelos, por ejemplo Kenina de El Freakfanato, me va a usar de antorcha humana; o que cuando despierte me va a faltar un brazo porque al bueno de Sergei de Los Niños Malos, le ha dado un ataque de gula nocturna.
  • Esta pregunta quizá os parezca algo rara, así que si no queréis no la contestéis – dijo Marco con cautela -. Hell Pinhead pregunta: ¿La máscara y la motosierra vienen de serie o son opcionales?
La pareja soltó una carcajada antes de que Javi respondiera:
  • No, no vienen de serie. De hecho nosotros tuvimos que ahorrar muchos meses para conseguirlas. Cualquier nuevo miembro de Desquiciados SC tiene que tener en cuenta que, si quiere máscara y motosierra, se tiene que ocupar él mismo de conseguirlas
  • Eso sí, nosotros no vamos a discriminar a nadie por no querer usar máscara o motosierra – añadió Laura -, ese no es nuestro estilo. Aceptamos personas con machetes, espadas de doble filo, ganchos, cadenas...

Marco, en cualquier otro momento, y en cualquier otra compañía, se hubiera reído con gusto con la respuesta, pero las extrañas circunstancias que se le habían revelado no le permitían dejar de mantenerse en guardia. Eso fue algo que no pasó desapercibido a sus entrevistados.

  • ¿Te pasa algo? – preguntó Laura – Estás muy serio esta noche. ¿Estás bien?
  • Sí, sí, creo… creo que la cerveza me ha sentado algo mal.
  • Vaya tela… - dijo Javi resoplando – Si quieres lo dejamos por hoy y terminamos mañana.
Una noche más en esa compañía no sería muy bueno, que digamos, para sus nervios, por lo que se apresuró a contestar:

  • No, no. No pasa nada. Además, sólo quedan un par de preguntas y ya terminamos. No os preocupéis de verdad.
  • Continuemos pues.
  • Vale. Noe López quiere saber en qué lugar está el sitio donde acaban los niños malos.
  • Ayyyy, la curiosidad humana… - respondió Javi.
  • Habrá gente que piense que ese Inframundo es un sitio imaginario – añadió Laura adoptando un aire misterioso -. Que un lugar así no puede existir. Pero existe. Está en el mismo plano donde habitan las pesadillas, los malos pensamientos, los sentimientos oscuros, la envidia, el miedo…
  • Por suerte, solo algunos pobres desgraciados llegan allí y, por la propia naturaleza del sitio, no pueden salir jamás. El resto estamos a salvo. Y yo que tú, no intentaría buscarlo movido por la simple curiosidad.
  • Tomo nota de ello – dijo Marco tragando saliva disimuladamente-. A Max Von Tännhauser le interesa saber cuándo sacaréis a la venta los peluches de vuestros personajes.
  • Pues verás, intentamos que grandes firmas como Famosa, Bizak, Injusa o MB, se hicieran cargo de la fabricación, pero, no nos preguntes por qué, nunca dieron señales de vida. Y eso que una muñequita de Alegra, sería la ilusión de cualquier niña. Luego pensamos que si ellos no se hacían cargo, podíamos hacerlos nosotros mismos, pero lo nuestro no es la costura así que cejamos en nuestro empeño por un tiempo.
  • Es algo que tenemos pendiente y que de vez en cuando vuelve a aparecer en los primeros puestos de la lista de cosas pendientes.
  • Y la última pregunta. Y la más seria, os aviso. Athman M Charles Ath pregunta: Salvando obviedades: ¿Que creéis que os diferencia realmente de otras editoriales similares?
  • Bueno, que nosotros solo nos editamos a nosotros mismos – contestó Javi riendo.
  • Es un “yo me lo guiso, yo me lo como” – añadió Laura.
  • Además de tener un presupuesto limitadísimo para sacar tiradas muy pequeñas con la esperanza de cubrir los gastos con la venta, escasos conocimientos de marketing para darnos más a conocer…
  • Sí, el jodido marketing…

Después de unos segundos de silencio tras las últimas palabras de Laura, Marco apagó la grabadora y sonrió aliviado.

  • Bueno. pues esto es todo. Muchísimas gracias por vuestra colaboración. Una vez revisada y corregida, va a quedar una entrevista muy chula.
  • Nada hombre, gracias a ti – respondió Javi repantigándose en el asiento.
  • Ojalá todos salgamos ganando con ella – añadió Laura con una sonrisa en la cara -. Tú con tu chica y nosotros dándonos a conocer a más gente.
  • Ojalá – contestó Marco también ahora sonriendo.
Recogió sus cosas mientras la pareja daba sendos sorbos a sus cervezas e intercambiaban impresiones acerca de la velada.
  • Bueno, yo me voy a ir. Tengo mucho trabajo que hacer. Quiero publicar el material cuanto antes y que lo vea María. Bufff, pero antes voy al servicio.
Marco se dirigió por el largo corredor hacia la escalera que llevaba a los baños. Por fin se había relajado. Ahora recogería su mochila, iría a su piso, transcribiría la entrevista y se olvidaría para siempre de esa extraña pareja. Mientras vaciaba la vejiga en el urinario pensaba en que esa sería la última vez que lo haría en ese sitio, ya que tenía la intención de no volver a pisar ahí en lo que le quedaba de vida. 
 
Cuando se estaba subiendo la cremallera, la iluminación dio un bajonazo, y escuchó el chisporroteo de las bombillas en el interior de las viejas lámparas. Salió del servicio y subió las escaleras siendo recibido por una espesa penumbra que se había hecho dueña del local. No se oía nada y la poca gente que había tan sólo unos minutos antes había desaparecido. Comenzó a caminar casi a tientas hacia la mesa donde estaban los desquiciados, y su mochila, y a medio camino fue incapaz de dar un paso más.

Miraba ahora con los ojos muy abiertos hacia el lugar donde había permanecido sentado toda la noche, y vio, junto a su silla, una niña que estaba parada enfrente de la pareja. Si no fuera por las extrañas circunstancias que se daban en ese momento en el local, ver a una niña charlando con la pareja no resultaría nada especial, pero Marco tuvo la sensación de que esa no era una niña normal. Reunió el valor suficiente y comenzó a caminar muy despacio hacia ellos, y cuando estuvo apenas a un par de pasos, un tremendo escalofrío le recorrió el cuerpo al ver la escena que se desarrollaba frente a él.

Efectivamente, se trataba de una niña. Quizá tendría unos once o doce años, pero lo que hizo que las rodillas de Marco flaquearan era su aspecto. Vestía un ajado vestidito blanco y una, también blanca, enmarañada melena caía sobre su espalda. Su rostro era hermoso, como de muñeca de porcelana, pero sus ojos… Sus ojos permanecían cerrados y lágrimas de sangre se escapaban lentamente de ellos y resbalaban por sus pálidas mejillas. Bajo sus pies se había formado un charquito de agua sucia que se mezclaba con sus lágrimas carmesí. Movía los labios como si estuviera diciendo algo, pero ningún sonido salía de ellos. El silencio era casi absoluto, tan solo roto por una especie de ligeros rasguños, lo que hizo que Marco dirigiera su atención a los Desquiciados, ya que el sonido lo producían ellos: Laura dibujaba frenéticamente en un folio sobre la mesa y Javi escribía en su cuaderno de la misma forma. Ambos mantenían la mirada fija en la misteriosa niña y sus ojos se habían vuelto totalmente negros. Las lámparas seguían parpadeando y, al hacerlo, Marco distinguió sombras extrañas, como grandes tentáculos, que se movían sobre las paredes tras ellos. Acababa de mear, pero de nuevo sintió la necesidad. Estaba a punto de salir corriendo, muy lejos de allí, cuando la niña dejó de hablar. Por un momento, la pequeña se giró hacia él, y le hubiese mirado fijamente a los ojos si los de la niña no permanecieran cerrados todavía. Después, poco a poco, una sonrisa nació y creció en su, antes serio, rostro antes de darse la vuelta y comenzar a caminar en dirección a la puerta principal. Pero, como momentos antes había sucedido con una de las camareras, a medio camino, la niña se desvaneció en la oscuridad.

Todo volvió a la normalidad en un instante. La iluminación se mantuvo fija, las sombras desaparecieron y el charco que había bajo la niña ya no estaba. En la mesa descansaban, ahora, un sucio boceto con la imagen de la niña y un cuaderno garabateado con una caligrafía ilegible. Cuando Marco dirigió la vista hacia la pareja, comprobó que ambos clavaban sus miradas en él con gesto serio.
  • No deberías haber visto esto – le dijo Javi.
No se molestó en contestar. Con un rápido movimiento, cogió su mochila y salió corriendo a toda prisa hacia la salida.
  • ¡No deberías haberlo visto! – escuchó de nuevo, esta vez una voz gutural y aterradora, justo antes de salir a la calle.
Corrió y corrió, esquivando como podía a la gente que a esas horas disfrutaba de una cálida noche primaveral, a pesar de que unas enormes nubes grises se distinguían en el negro cielo. No se detuvo hasta haber dejado bien atrás la maldita taberna, y obligado, ya que su cuerpo se negaba a dar un paso más sin que los pulmones fueran a reventarle. Se metió en una boca de metro y cogió el primer tren que pasó sin fijarse siquiera a donde se dirigía. No le importaba, si lo hacía lejos de allí. Después de seis estaciones y una vez recuperado el aliento, intentó poner su cabeza en orden. Lo primero que debía hacer era volver a su casa. Miró un mapa del suburbano que había pegado en la pared del vagón y trazó la ruta más corta hacia ella. Treinta minutos después, tras haber recorrido en tiempo record la distancia entre la estación de metro y su casa, introducía la llave de su portal y subía a su piso. Una vez dentro, tiró la mochila bien lejos y se sentó en la cama escondiendo la cabeza entre las rodillas. Por ella pasó de nuevo toda la escena de la niña. Revivió de nuevo la sensación que se apoderó de él en el momento en que comprendió que se trataba de una de los niños malos sobre los que escribían los Desquiciados
 
Mientras la veía mover los labios, supuestamente relatando su historia, comenzó a sentir un dolor y un sentimiento de culpa que, surgidos de la nada, se abrazaban implacables a su acelerado corazón. Pero después de pensar un poco con claridad, comprendió que esos sentimientos no le pertenecían a él, sino que eran algo con lo que la niña cargaba irremediablemente. Cuando terminó su relato y dirigió su ciega mirada hacia él, esos sentimientos comenzaron a debilitarse poco a poco, hasta que desaparecieron justo en el momento en el que la niña le obsequió con esa modesta sonrisa.

Hasta ese momento, no se le había pasado por la cabeza que las historias relatadas en la web de los niños malos fueran reales, pero tras vivir in situ la aparición de una de ellos le hizo planteárselo muy en serio. Una teoría tomó forma en la cabeza de Marco mientras continuaba sentado en la cama: quizá el hecho de que estos niños compartan su historia con los Desquiciados, sea algo que ayuda a su espíritu a encontrar un rinconcito de paz en medio de su cruel condena. Quizá los Desquiciados contribuyan a una posible salvación de esos niños, una vez reconocidos los malvados actos que les han hecho terminar en ese oscuro lugar. Quizá.

Al rato, se tumbó en la cama, más tranquilo. Todo había terminado y tenía la seguridad, asentada por un gran deseo de ello, de que jamás volvería a ver a la extraña pareja. Con esa convicción se quedó dormido al poco tiempo.
Un trueno lo despertó poco después. Se incorporó sobresaltado y, tras del susto inicial, se asomó al ventanal del balcón para ver cómo varios relámpagos iluminaban el cielo nocturno no muy lejos de allí.
  • Vaya nochecita – y una sensación de lobreguez le atravesó de arriba abajo.
Se había desvelado completamente, así que, con repentina decisión, buscó su mochila por el suelo. Allí estaba, justo en el sitio en el que la había tirado al llegar. Fue hacia ella y sacó su grabadora, dispuesto a terminar con lo que había empezado. Aunque no tenía ninguna gana de volver a dar vueltas al tema, decidió que, de todas formas, era una buena historia. Podría relatar la entrevista de forma novelada, para darle un toque de misterio. Seguro que a María le encantaría.

Transcribió la grabación a toda velocidad. De vez en cuando, se escuchaba algún sonido extraño, al igual que la noche anterior, pero la amenaza de Laura parecía haber surtido efecto y tan solo se repitieron en un par de ocasiones. Cuando terminó la transcripción, comenzó a dar forma a su historia, desde que entró en la taberna con la esperanza de declarar su amor, hasta el momento en el que la abandonó. Aunque esa parte la maquilló un poco. Las palabras fluían imparables y con una creciente sensación de euforia terminó relativamente rápido.

Miró el reloj y vio que marcaba las cuatro cuarenta de la madrugada. Después de haber leído y releído un par de veces su obra, y de haber hecho las correcciones oportunas, decidió que todo estaba listo. Sintió una extraña emoción justo antes de guardar el archivo en el disco duro.

Fuera, la lluvia había empezado a caer, y ahora las gotas golpeaban contra el ventanal del balcón empujadas por el viento. Marco entró en el panel de control de su blog dispuesto a publicar una nueva entrada con su gran obra. Por la mañana, María la vería y seguro que por la tarde, en clase, le expresaría su agradecimiento. Entonces aprovecharía para decirle todo aquello que se guardaba para sí desde hace mucho tiempo. Cuando la tuvo lista y comprobó con la vista previa que todo estaba en orden se dispuso, tras unos interminables momentos de dudas, a confirmar la publicación. Sin embargo se dio cuenta de que, con el frenesí de la escritura, se le había olvidado algo. En su móvil todavía estaba la foto que había sacado a escondidas a los Desquiciados. Serviría para ilustrar la historia, aunque en el fondo temía que la pareja no se lo tomara muy bien después de advertirle que nada de fotos. Pero decidió correr el riesgo. “De perdidos al río”, pensó. Cogió el teléfono y lo conectó a su ordenador. Buscó la foto en cuestión y, al momento, apareció copando toda la pantalla y haciendo que de nuevo el corazón de Marco comenzase a acelerarse hasta límites insospechados. En la imagen aparecía el sofá donde habían permanecido sentados durante la entrevista. Pero sobre él, en lugar de un chico y una chica normales y corrientes, como Marco les había visto, había dos sombras totalmente negras y desenfocadas, que contrastaban con la nitidez absoluta del resto de la foto. Pero no era lo único anormal. Ahora pudo ver claramente qué era lo que había producido las extrañas sombras que vio mientras la niña aparecida relataba su historia: efectivamente, grandes tentáculos surgían alrededor del sofá de los desquiciados, como si hubiese caído sobre de un pulpo gigante y éste luchase por liberarse.

Otro trueno retumbó más cerca e hizo que Marco, sobresaltado, dirigiera su vista al balcón. En ese preciso momento, otro relámpago iluminó el cielo nocturno a la vez que recortaba dos oscuras siluetas con alas de murciélago que permanecían de pie en su balcón y escudriñaban el interior con unos ojos que parecían arder como brasas.

Un intenso temblor se adueñó del cuerpo de Marco y lo hizo caer de la silla de espaldas. En el suelo comenzó a sentir como toda la habitación daba vueltas a su alrededor, y él era incapaz de detenerla. Su corazón le golpeaba el pecho como si quisiera escapar de él, y huir muy lejos, y su cuerpo se convulsionaba mientras echaba espumarajos por la boca. Cuando, tras unos interminables momentos, se detuvo por completo, tenía la mirada fija en el techo. Estaba totalmente consciente, pero a pesar de sus esfuerzos fue incapaz de mover un solo músculo. Oyó como la puerta corredera del balcón se abría y el sonido del fuerte chaparrón inundaba el cuarto. Escuchó como las dos terribles figuras que tanto le habían aterrorizado avanzaban lentamente sobre el parqué. Pero se sorprendió cuando por delante de sus ojos, una mano normal y corriente se movía de un lado a otro, quizá comprobando su grado de consciencia. Cuando la mano desapareció, el techo ocupó de nuevo su campo visual. Después, sobre el sonido de la tormenta pudo escuchar varios clicks del ratón de su ordenador. Luego, durante interminables minutos, tan solo escuchó la incesante lluvia. Era un sonido muy relajante, y tuvo la sensación de que todo su cuerpo se aflojaba. Quizá, inconscientemente, se preparaba silenciosamente para partir de este mundo. Justo en ese momento las caras de la pareja que, tan bien conocía y tanto temía volver a ver, irrumpieron en su campo de visión. Tras unos segundos, que se le hicieron eternos, ambos esbozaron una malévola sonrisa y uno de ellos alargó su mano hacia él. Sintió como le recorría alrededor de los labios. Le estaba limpiando los restos de espuma de sus convulsiones. Tras ello, lo último que sintió fue el leve contacto de un dedo sobre su frente. Después, todo fue penumbra.


EPÍLOGO

Tras el contacto, una fina capa de niebla cubrió los inertes ojos de Marco. Ambos se miraron con gesto de resignación y de nuevo dirigieron su atención a la pantalla del ordenador donde la nueva entrada del blog se preguntaba impaciente cual sería su destino.
  • Lástima, el chaval se lo ha currado – dijo Javi.
  • Sí, la verdad es que le ha quedado bastante bien – contestó Laura seria.
  • ¿Te imaginas qué pasaría si esto se diera a conocer?
  • Hombre, la verdad es que para una mente cerrada, podría parecer nada más que una simple historia fantástica, como miles que hay por ahí.
  • Sí, eso sí. Pero siempre hay alguien que mira un poco más allá y le puede la curiosidad. Y a mí me dan una pereza los curiosos…
  • Te comprendo. Tantos siglos… - y añadió tras un momento de nostálgico silencio - La tormenta parece haber amainado y está a punto de amanecer. ¿Te has ocupado de la grabadora y de la foto?
  • Sí, está todo borrado - en la pantalla del portátil permanecía la ventana de confirmación: ¿Publicar? ¿Eliminar? -. Tan sólo queda la entrada del blog.
Miraron a su alrededor y echaron una última mirada al pobre Marco, que yacía en la misma postura con una aterradora sonrisa en su cara que no mantenía armonía alguna con el resto de su rostro. Javi se giró hacia el ordenador, desde donde la entrada con la historia escrita por Marco parecía tirarle de la manga, impaciente por llamar su atención.
  • ¡Qué coño! – dijo, y Laura asintió de acuerdo con él.
Momentos después ambos se deslizaban a través de la oscuridad de la noche hacia el suelo de las mojadas calles, mientras el portátil de Marco lanzaba otro mensaje al mundo:
  • Entrada publicada correctamente.

    The End

1 comentario:

  1. genial chicos,ha sido impactante,de ahora en adelante os mirare "de otra forma" jeje

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