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Laura Mazorra y Javi Calderón vertemos toda nuestra energía negativa en nuestras creaciones, con la esperanza de entretener y divertir a todo aquel que esté de paso por éste, nuestro querido hogar. Fíjate bien por donde pisas y permanece alerta... por si las moscas. Enjoy!

martes, 19 de junio de 2012

Colloquium (Acto I: El encuentro)




Marco miraba continuamente su reloj, nervioso. Impaciente. Hacía media hora que debería estar disfrutando de una agradable bebida en la no menos agradable compañía de María, su compañera favorita en la facultad. Tan favorita, que por fin había decidido proponerle ser algo más que compañeros de clase. Se habían citado en un conocido pub irlandés de la zona centro de Madrid. Un lugar cálido y acogedor, réplica fiel de las viejas tabernas originales de la madre patria Irlanda, donde el hecho de sentir una cerveza de trigo fresquita recorriendo el gaznate es capaz de hacerte olvidar por unos momentos de las preocupaciones mundanas. Mientras esperaba, y debido al retraso que acumulaba su amiga, había dado cuenta de un par de tercios y estaba a punto de acabar con otro. Cuando le dio el último sorbo y tras otros cinco largos minutos de espera, decidió pedir otro para tratar de calmar los nervios que a lo largo del día se habían ido instalando en él. Sin embargo, no tuvo la oportunidad de hacerlo, ya que su teléfono móvil dio dos breves pitidos, señal de que un mensaje había sido recibido. Que mientras esperas a alguien, que ya llega tarde, suene el móvil, suele ser mala señal. Marco también era de esa opinión, por lo que sacó despacio el aparato del bolsillo y casi de reojo, sin ganas de hacerlo, miró la pantalla. El techo pareció venírsele encima cuando sus temores se hicieron realidad. En un breve mensaje, sobrecargado de smileis tristones a cada dos palabras,  María le decía que le había surgido algo importante de última hora y no podía acudir a la cita. “Lo de siempre, vamos”, pensó Marco, al que la decepción que lo invadió se agarró a su estómago. Se sentía la persona más desgraciada de la Tierra. O la más pelele, porque no era la primera vez que algo así le ocurría. Nunca había tenido suerte en ese sentido, si es que la suerte tiene algo que ver.

 Apuró las últimas gotas de cerveza  y decidió hacer una visita al servicio antes de volver a la soledad de su pisito alquilado, a lamentarse de su desgracia. Quién haya estado alguna vez en ese local sabrá que si te entran ganas de ir al baño no debes esperar al momento en el que tu vejiga llegue a su límite, porque el camino hasta llegar a él, si te has quedado cerca de la puerta de entrada, como era el caso, se te puede hacer muy largo. No lo había tenido en cuenta, claro. Sus pensamientos habían estado ocupados en otras cosas, pero tendría que recorrer los casi cuarenta metros que le separaban de él a paso ligero si no quería armar una buena. Caminó deprisa pero con discreción, ya que tampoco quería llamar la atención, y al llegar a las escaleras que descendían a su anhelado destino y girar en el recodo para seguir bajando, se topó con alguien que subía distraído y chocaron sin remedio.

-    Ten cuidado tío – le dijo un chico alto, de ropa oscura.

Marco se disculpó, deprisa y corriendo, y siguió su camino casi con lágrimas en los ojos, ya que el golpe lo había recibido exactamente a la altura de la vejiga, que ya estaba a punto de reventar. Mientras por fin vaciaba su contenido en el urinario de turno, la imagen que ilustraba la camiseta de la persona con la que había chocado comenzó a rondarle por la mente: un siniestro personaje con la cara oculta en sombras, le miraba con dos ojos rojos como la sangre y embutido en una camisa de fuerza en lo que parecía una fría celda de un manicomio. Pero, ¿dónde había visto antes ese dibujo?

Mientras se subía la cremallera del pantalón, y pulsaba cuidadosamente con la punta del dedo el botón de la cisterna, lo recordó. Era uno de los personajes de aquella página web que tanto le gustaba a su compañera María, “Los niños malos” o algo así. Le había hablado varias veces de ella, una página de historias siniestras protagonizadas por niños. A Marco nunca le había dado por leer ninguno de los relatos, aunque debería haberlo hecho, aunque sólo fuera para poder mantener una conversación con la chica, pero había visto los dibujos y la verdad es que llamaban la atención. No tenía ni idea de que hubiera camisetas de eso, así que se le ocurrió que podría tener un detallazo con ella si se presentaba en clase con una camiseta de uno de los niños y se la regalaba. A pesar del plantón, no perdía la esperanza el pobre. Pero lo cierto es que no tenía ni idea de dónde podían venderlas, así que no se le ocurrió otra cosa que subir de nuevo corriendo las escaleras, buscar al que la llevaba puesta y preguntarle donde la había conseguido él.

 Avanzaba fijándose en la gente que había sentada a uno y otro lado del corredor, y lo descubrió sentado en un gran sofá de cuero rojo, justo donde el corredor hacía esquina, junto a una chica, que también vestía ropa oscura y que daba buena cuenta de una pinta de cerveza.

-    Perdona por lo de antes – le dijo Marco al chico, para romper el hielo, cuando llegó hasta ellos – llevaba un poco de prisa y no te vi venir.
-    No pasa nada, no te preocupes – le respondió sonriendo con los labios cubiertos de la espuma de su cerveza y añadió -. Espero que no llegases tarde a tu cita…
-    ¿Mi cita? - ¿Cómo sabía él lo de su cita con María?
-    Si hombre, parecía que te urgía mucho acudir a tu cita con el señor Roca – y rió, mientras se limpiaba la espuma, ante ese viejo chiste antes de llevarse su jarra a los labios.
-    Perdónale – dijo entonces su amiga -, ha bebido un par de estas y se le suelta la lengua.
-    No pasa nada. Sí, sí he llegado a tiempo – y Marco le sonrió también.
-    Eso está bien.
-    Oye, me he fijado en la camiseta que llevas – le dijo, y al hacerlo, la extraña pareja se miró por un momento - ¿Dónde la has comprado? Me gustaría regalarle una a una amiga.
-    ¿Te gusta? La hemos hecho nosotros.
-    ¿Cómo que la habéis hecho vosotros? No lo entiendo.
-    El diseño es nuestro, o sea, que Laura lo dibujó. ¿Conoces nuestra web? – respondió el chico interesado.
-    He visto un par de veces la web donde sale ese dibujo, sí. Pero, ¿me estás diciendo que vosotros sois los que hacéis esa web? Entonces sois los…  - no conseguía recordarlo, pero afortunadamente enseguida le vino a la cabeza - ¡Los Desahuciados!

El chico, que acababa de tomar con otro trago, casi se atraganta. La chica, que también reía le daba palmadas en la espalda mientras a Marco se le subían los colores de la vergüenza, porque no sabía qué había dicho para provocar tal reacción.

-    Espero que no te dediques a la adivinación y que eso haya sido una visión de futuro… – respondió la chica con una sonrisa burlona -. Supongo que querías decir Desquiciados.
-    Eso, Desquiciados. Joder, qué vergüenza. Lo siento mucho.
-    No te preocupes, lo extraño sería que nos conocieras. Este que ha estado a punto de ahogarse, y qué gran favor para la humanidad hubiera sido, es Javi, y yo soy Laura.

Marco también se presentó, aunque no sabía dónde meterse mientras el Desquiciado por fin volvía a respirar normalmente. En ese momento tan embarazoso le vino a la cabeza otra idea que sería mejor aún que la camiseta. Y más barata.

-    Me preguntaba si seríais tan amables de dejarme haceros una foto. Es para una amiga que adora lo que hacéis. La subiría a su Facebook con el teléfono, y si fuerais tan amables de escribirle una dedicatoria en los comentarios…

Tras decir eso, las lámparas que iluminaban el rincón parpadearon por un segundo como si estuvieran a punto de fundirse las bombillas.

-    Lo siento tío, pero las fotos son un tema tabú para nosotros – respondió Javi muy serio de repente mientras le hacía a escondidas un gesto para que evitase el tema. Pero Marco no estaba dispuesto a rendirse.
-    Por favor, es un momento nada más. Solo una…
-    ¡Que no hay foto! – le cortó Laura echando fuego por los ojos -. Si te podemos ayudar de otra manera… - añadió al momento mientras trataba de calmarse cogiendo aire y soltándolo muy despacio, algo que terminó de convencer a Marco para olvidarse de la foto. Por el momento.

Se quedó en blanco por un instante mientras veía como la cara de Laura recuperaba su tono pálido de antes. Javi la miraba de reojo con una media sonrisa mientras bebía de nuevo de su jarra, que ya estaba en las últimas. Entonces, otra idea repentina acudió en ayuda de Marco, aunque no estaba seguro de que les hiciera mucha más gracia que lo de la foto, pero tenía a su alcance la posibilidad de poder ofrecer a María un regalo que, estaba seguro, nunca esperaría.

-  Se me ocurre otra cosa. A lo mejor os suena un poco raro – comenzó a balbucear -, pero puede ser interesante para todos.
- Bueno, pues tú dirás. Habla sin miedo, que a pesar de lo que has visto, no nos comemos a nadie –  dijo Javi mientras buscaba a una de las camareras para pedir otra ronda - ¿Quieres una birra?
- ¿Eh?, sí, vale, ¿por qué no? Así os cuento mi idea tranquilamente.

Cuando por fin consiguieron atraer la atención de una de las chicas, esta se acercó, recogió las dos jarras vacías y preguntó si necesitaban algo más. Ellos pidieron dos pintas, y Marco se decidió por otro tercio, lo que provocó que ambos le mirasen con gesto torcido. Casi con desprecio.

-    Cuidado, a ver si vamos a tener que llevarte a rastras a tu casa…

Notó como le subían de nuevo los colores, pero cambió rápidamente de tema y pasó a contarles su idea.

-    Veréis, tengo un blog en el que escribo de lo que se me pasa por la cabeza, y a veces hago una pequeña entrevista a alguien con conocimientos en el tema en cuestión. ¿Qué os parecería ser entrevistados? Os serviría para  dar a conocer aún más vuestros trabajos. Mi blog es seguido por casi quinientas personas – añadió con orgullo -. Además, creo que sería un regalo de la leche para María el poder conocer un poco más los secretos que hay detrás de los creadores de esa página que tanto le gusta.

La camarera volvió con dos enormes vasos, y una botellita, llenos hasta el borde y los dejó en la mesa antes de volver por donde había venido. Cuando Javi la liberó del abrazo de su mirada mientras se alejaba, miró a Laura con una sonrisa cómplice. Ella negó con la cabeza y puso los ojos en blanco.

-    Hombre, secretos… – dijo ella dirigiendo de nuevo su atención hacia Marco – Pero parece una buena idea. La verdad es que cuanta más publicidad tengamos mejor para nosotros, y si tú te ofreces a hacer esto por voluntad propia…

-    Sí, sí, claro, como os he dicho, además de servirme para aumentar contenido en el blog sería un regalo original para mi amiga.

-    Supongo que tendrás que preparar las preguntas, ¿no? – añadió Javi, a lo que Marco respondió afirmativamente – Si quieres podemos quedar mañana aquí y nos ponemos con ella.

Le pareció una buena idea, así podría investigar un poco acerca de ellos y su trabajo más profundamente, porque, la verdad, solo había visto algún dibujo deprisa y corriendo.

Terminó su tercio, se despidió de ellos dándoles las gracias y se levantó para irse. A medida que se acercaba a la salida, con un ligero mareo ya que cuatro tercios para él era su mejor marca en cuando a ingestión de cerveza, le pareció escuchar, por encima del sonido de sus pasos sobre el suelo de madera, unas extrañas y desagradables risitas a su alrededor que estaba seguro de que no provenían de los clientes del local, que charlaban en voz baja unos con otros. Además, las fotos antiquísimas, que adornaban el local parecían querer llamar su atención de alguna manera, aunque cuando se fijó en ellas tan sólo veía formas oscuras y borrosas, algo que achacó a los efectos del alcohol ingerido.

Dos días más tarde pensaría en por qué no se tomó esas señales mucho más en serio…


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