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Laura Mazorra y Javi Calderón vertemos toda nuestra energía negativa en nuestras creaciones, con la esperanza de entretener y divertir a todo aquel que esté de paso por éste, nuestro querido hogar. Fíjate bien por donde pisas y permanece alerta... por si las moscas. Enjoy!

domingo, 23 de diciembre de 2012

Historia Navideña





      Los copos de nieve comenzaban a caer con parsimonia en la fría tarde de un veinticuatro de Diciembre de un año cualquiera. Esos copos, durante su viaje, contemplaban debajo de ellos la masa humana que iba de un lado a otro ultimando los preparativos para esa noche tan especial. Algunos de ellos caían suavemente en grandes ciudades donde, apenas tocaban el suelo, eran rápidamente pisoteados hasta desaparecer. Otros, un poco más afortunados terminaban su viaje en algún pueblo tranquilo donde la gente ya se había encerrado en sus casas al calor de un buen fuego. Y había otros que tenían la enorme suerte de posarse suavemente en las copas de los árboles de algún bosquecillo que solía estar cerca de esas tranquilas aldeas. Y de entre estos últimos, unos pocos pudieron ser testigos del trajín que alguien se traía en una pequeña choza de barro y techo de paja situada en el claro de un bosque.

      Safina iba de un lado para otro sin apenas descanso. Quedaba mucho por hacer y el tiempo se le echaba encima si quería tenerlo todo preparado para la hora de la cena.
Se acercó a una mesa situada en el centro de la estancia y con un movimiento rápido cogió, de una pequeña bolsa de cuero de las muchas que había, un pellizquito de un polvo violeta que relucía caprichosamente al reflejar la luz suave de las velas que iluminaban vagamente el lugar. Con un soplido, lo esparció sobre los espumillones que había estado preparando esa tarde. Durante un momento parecieron cobrar vida, pero la ilusión pasó enseguida. Los metió a toda prisa en una caja grande, junto a otros adornos navideños, y dando pequeños pasitos salió al exterior. La nieve seguía cayendo, pero todavía con poca fuerza, y el día hacía tiempo que había comenzado a apagarse, lo que hizo que asintiera satisfecha. Se dirigió a un árbol de madera seca y retorcida, un poco más alto que ella, que había situado a unos metros de la entrada y depositó la caja junto a él. Cerró los ojos, susurró unas rápidas palabras y metió la mano en uno de los bolsillos de su túnica del que sacó un frasquito que contenía un líquido azulado. Cuando acabó su retahíla, quitó el tapón al frasco y arrojó el contenido a los pies del árbol, que al momento se irguió esplendoroso y, aunque todavía desnudo, pareció recobrar el vigor de su juventud ya olvidada. Se apresuró a decorarlo con los espumillones y el resto de adornos y, cuando acabó, lo miró durante un breve instante antes de darle su aprobación. Ahora, el viejo tronco resplandecía con muchos colores. Regresó a la casa bajo la mirada curiosa de sus dos gatos, que se lamían las patas tranquilamente sobre el tejado de la casa.

     Le hubiera gustado decorar algo más la fachada, pero tendría que confiar en que el árbol fuera suficiente. No tenía tiempo. De nuevo en el interior, apartó la mesa a un rincón y puso sobre ella, y bajo ella, todo lo que ya no iba a necesitar. Seguidamente lo cubrió con una enorme sábana y, de nuevo, musitó unas palabras que hicieron que la mesa y los trastos parecieran desinflarse hasta desaparecer. Recogió la sábana del suelo y la dobló con habilidad antes de meterla en un armario. Ahora había dejado un gran hueco libre en el centro de la casa que cubrió con una colorida alfombra de pelo grueso y de forma circular.
Paseó la mirada por toda la casa, que había estado decorando durante gran parte de la tarde y al ver el estado en el que había quedado hizo que una sonrisa iluminara su rostro. Hasta el mismísimo Espíritu de la Navidad estaría muy orgulloso.  Espumillones colgaban de un lado a otro de techo y paredes, bolas brillantes lucían en espejos y lámparas. Incluso, en la chimenea, una hilera de calcetines colgaban listos para recibir su regalo correspondiente.

     En ese momento, unas voces se elevaron en el exterior. Safina corrió a la entrada y al abrir la puerta se encontró con un pequeño coro que cantaba un emotivo villancico. Dos niños y tres niñas parecían pequeños ángeles cantando bajo la embriagadora luz del árbol. Escuchó embelesada junto a sus gatos, que ahora permanecían sentados a sus pies, mientras los copos caían ahora con más fuerza y la noche ya era casi cerrada.
El canto finalizó suavemente y ella aplaudió emocionada. Los niños, al ver la reacción de la pequeña sonrieron felices. Y pensar que casi pasan de largo…Ya regresaban a sus hogares, cansados tras una tarde cantando villancicos de casa en casa, y recorrían el camino que rodeaba el bosque cuando una llamativa luz cambiante llamó su atención a lo lejos, entre los árboles. Antes de darse cuenta, y sin saber cómo, se vieron caminando entre estos directos al foco de luz que no era otro que el árbol que Safina había decorado de modo tan especial. Cuando llegaron frente a él, contemplaron maravillados como la luz que emitía cambiaba de color continuamente y los espumillones que lo adornaban parecían bailar entre sus ramas. Momentos después, uno de los niños señaló con el dedo una humilde casita que se hallaba situada unos pasos más allá del árbol. Se miraron los unos a los otros confundidos, porque hasta ese momento estaban seguros de que en ese bosque no vivía nadie. A pesar de su extrañeza inicial, decidieron llevar a cabo una última actuación antes de seguir su camino. Querían honrar de esa manera al hacedor del árbol de Navidad más maravilloso que hubieran visto nunca. Qué sorpresa se llevaron cuando descubrieron que la responsable de ello fuera la simpática niña que ahora les aplaudía.
Safina abrió de par en par la puerta de su casa e invitó a los niños a pasar y calentarse antes de continuar su camino. El grupo miró hacia el interior de la casita y, al sentir en el rostro la calurosa luz que ésta emanaba, todas sus dudas se disiparon, así que agradecieron el gesto de la niña y, uno a uno, fueron pasando. Una vez dentro, sus miradas volaban de un sitio a otro y se maravillaban cada vez más de la habilidad decorativa de su anfitriona. Hasta el enorme caldero que colgaba del hueco de la chimenea brillaba de un modo inusual. 

     El sonido de una puerta al cerrarse y el ruidoso correr de cerrojos los sacó de su ensoñación. Se volvieron, y dónde esperaban ver a la dulce niña que les había recibido tan calurosamente se encontraba una anciana encorvada que les miraba con su único ojo entrecerrado mientras hilillos de saliva colgaban de su boca desdentada. Todas las velas se apagaron, al igual que el árbol que iluminaba el exterior, por lo que la oscuridad fue total durante un momento. Un instante después, el fuego de la chimenea se encendió con un chasquido e hizo que el caldero que colgaba sobre él luciese ahora de un modo aterrador. El pánico cundió entre los niños e intentaron huir, pero los largos pelos de la alfombra sobre la que estaban les sujetaron firmemente los tobillos y hacían vanos sus esfuerzos. 

     -¡Feliz Navidad queridos míos! ¡Hora de cenar! – dijo la bruja mientras se acercaba despacio. Y las, antes, angelicales voces de los niños se tornaron ahora en desgarradores gritos de dolor.




viernes, 2 de noviembre de 2012

Horror series: 16: Sam (Trick'r Treat)

La noche de Halloween nos dejó muchas visitas. Entre ellas este angelito que se ganó lo que nos queda de corazón y al que invitamos a pasar la velada para que nos ayudase a repartir caramelos a los incautos que llamasen a nuestro timbre. Claro que no todos se fueron como llegaron. Aquellos que no se esforzaron lo suficiente por respetar esta honorable tradición tuvieron que ser castigados un poquito. Y para eso, el pequeño Sam se las apaña muy, pero que muy bien.


miércoles, 31 de octubre de 2012

Tormento: 03 - Mara






          "Mara duerme, con una sonrisa en los labios. Sueña que está en la orilla de un lago. Con la boca abierta y los ojos llenos de lágrimas de alegría, contempla un fastuoso palacio que ha surgido de en medio de las aguas. Una dulce música le llega flotando y le hace hervir la sangre. Unas risas de una multitud que parece disfrutar de una dicha sin límites le contagian y ella ríe también plena de felicidad. A pesar de eso, no puede evitar sentir una envidia nada sana que supura por cada poro de su cuerpo. Ella permanece quieta, pero su mente da vueltas y vueltas imaginando como poder llegar hasta ese lugar, como poder cruzar su umbral y disfrutar de todo lo que ofrece. Pero también es consciente de que tan solo es un sueño, y de que como tal, es inalcanzable. A pesar de ello, todas las noches se le presenta la misma visión. Todas las noches desde aquel día. El día en que Nina, su mejor amiga, desapareció junto al lago..."

        

domingo, 24 de junio de 2012

Colloquium (Acto IV: El desenlace)





Después del incidente de la camarera, Marco puso de nuevo la grabadora en marcha y comenzó diciendo:
  • Esta tarde antes de salir, quizá hayáis visto en vuestro muro de Facebook que me he tomado la libertad de preguntar a vuestros contactos que si tuvieran la posibilidad de haceros una pregunta en una entrevista, cual sería. ¿Os parece bien que incluyamos estas preguntas en la entrevista?
  • Ningún problema – respondió Laura.
  • Al contrario, nos hace mucha ilusión que la gente participe con nosotros, bien con comentarios, preguntas, sugerencias…
  • Pues bien, comencemos entonces. Ediciones Acontracorriente pregunta: ¿Cómo estáis tan fastidiados del coco?
Ambos se miraron de reojo antes de que Laura respondiera:
  • ¿Fastidiados del coco? ¡Qué va!, de hecho, somos dos personas la mar de sanas mentalmente. El problema son las voces, que nos hablan y nos obligan a escribir y dibujar cosas - al escuchar esto, Marco recordó las voces de la grabación, y aunque Laura contestaba medio riéndose, se le puso mal cuerpo -. Dicen que si no lo hacemos nos abducirán y nos llevaran a su planeta para usarnos como comida. Pero vamos nosotros estamos perfectamente cuerdos.
  • Vale, Patry Bruha quiere saber si, en el caso de que tuvierais que compartir casa con alguno de vuestros personajes, ¿lo haríais con los niños malos o con los del Freakfanato?
  • Ya compart… - comenzó a decir Javi justo antes de que el codo de Laura se le clavase en las costillas. Marco abrió mucho los ojos y tuvo que hacer grandes esfuerzos para no bañar a la pareja con el trago que acababa de llevarse a la boca.
  • Pues verás yo si pudiera elegir, no elegiría a ninguno. Bueno, quizás a Etel y Ludvik porque son nuestros pequeños “yo” – prosiguió la Desquiciada mientras su compañero recuperaba el aire y la miraba con gesto serio. Laura continuó, sin hacer caso, con su respuesta -. Me gusta dormir a pierna suelta sin tener que andar pensando en que alguno de los pequeñuelos, por ejemplo Kenina de El Freakfanato, me va a usar de antorcha humana; o que cuando despierte me va a faltar un brazo porque al bueno de Sergei de Los Niños Malos, le ha dado un ataque de gula nocturna.
  • Esta pregunta quizá os parezca algo rara, así que si no queréis no la contestéis – dijo Marco con cautela -. Hell Pinhead pregunta: ¿La máscara y la motosierra vienen de serie o son opcionales?
La pareja soltó una carcajada antes de que Javi respondiera:
  • No, no vienen de serie. De hecho nosotros tuvimos que ahorrar muchos meses para conseguirlas. Cualquier nuevo miembro de Desquiciados SC tiene que tener en cuenta que, si quiere máscara y motosierra, se tiene que ocupar él mismo de conseguirlas
  • Eso sí, nosotros no vamos a discriminar a nadie por no querer usar máscara o motosierra – añadió Laura -, ese no es nuestro estilo. Aceptamos personas con machetes, espadas de doble filo, ganchos, cadenas...

Marco, en cualquier otro momento, y en cualquier otra compañía, se hubiera reído con gusto con la respuesta, pero las extrañas circunstancias que se le habían revelado no le permitían dejar de mantenerse en guardia. Eso fue algo que no pasó desapercibido a sus entrevistados.

  • ¿Te pasa algo? – preguntó Laura – Estás muy serio esta noche. ¿Estás bien?
  • Sí, sí, creo… creo que la cerveza me ha sentado algo mal.
  • Vaya tela… - dijo Javi resoplando – Si quieres lo dejamos por hoy y terminamos mañana.
Una noche más en esa compañía no sería muy bueno, que digamos, para sus nervios, por lo que se apresuró a contestar:

  • No, no. No pasa nada. Además, sólo quedan un par de preguntas y ya terminamos. No os preocupéis de verdad.
  • Continuemos pues.
  • Vale. Noe López quiere saber en qué lugar está el sitio donde acaban los niños malos.
  • Ayyyy, la curiosidad humana… - respondió Javi.
  • Habrá gente que piense que ese Inframundo es un sitio imaginario – añadió Laura adoptando un aire misterioso -. Que un lugar así no puede existir. Pero existe. Está en el mismo plano donde habitan las pesadillas, los malos pensamientos, los sentimientos oscuros, la envidia, el miedo…
  • Por suerte, solo algunos pobres desgraciados llegan allí y, por la propia naturaleza del sitio, no pueden salir jamás. El resto estamos a salvo. Y yo que tú, no intentaría buscarlo movido por la simple curiosidad.
  • Tomo nota de ello – dijo Marco tragando saliva disimuladamente-. A Max Von Tännhauser le interesa saber cuándo sacaréis a la venta los peluches de vuestros personajes.
  • Pues verás, intentamos que grandes firmas como Famosa, Bizak, Injusa o MB, se hicieran cargo de la fabricación, pero, no nos preguntes por qué, nunca dieron señales de vida. Y eso que una muñequita de Alegra, sería la ilusión de cualquier niña. Luego pensamos que si ellos no se hacían cargo, podíamos hacerlos nosotros mismos, pero lo nuestro no es la costura así que cejamos en nuestro empeño por un tiempo.
  • Es algo que tenemos pendiente y que de vez en cuando vuelve a aparecer en los primeros puestos de la lista de cosas pendientes.
  • Y la última pregunta. Y la más seria, os aviso. Athman M Charles Ath pregunta: Salvando obviedades: ¿Que creéis que os diferencia realmente de otras editoriales similares?
  • Bueno, que nosotros solo nos editamos a nosotros mismos – contestó Javi riendo.
  • Es un “yo me lo guiso, yo me lo como” – añadió Laura.
  • Además de tener un presupuesto limitadísimo para sacar tiradas muy pequeñas con la esperanza de cubrir los gastos con la venta, escasos conocimientos de marketing para darnos más a conocer…
  • Sí, el jodido marketing…

Después de unos segundos de silencio tras las últimas palabras de Laura, Marco apagó la grabadora y sonrió aliviado.

  • Bueno. pues esto es todo. Muchísimas gracias por vuestra colaboración. Una vez revisada y corregida, va a quedar una entrevista muy chula.
  • Nada hombre, gracias a ti – respondió Javi repantigándose en el asiento.
  • Ojalá todos salgamos ganando con ella – añadió Laura con una sonrisa en la cara -. Tú con tu chica y nosotros dándonos a conocer a más gente.
  • Ojalá – contestó Marco también ahora sonriendo.
Recogió sus cosas mientras la pareja daba sendos sorbos a sus cervezas e intercambiaban impresiones acerca de la velada.
  • Bueno, yo me voy a ir. Tengo mucho trabajo que hacer. Quiero publicar el material cuanto antes y que lo vea María. Bufff, pero antes voy al servicio.
Marco se dirigió por el largo corredor hacia la escalera que llevaba a los baños. Por fin se había relajado. Ahora recogería su mochila, iría a su piso, transcribiría la entrevista y se olvidaría para siempre de esa extraña pareja. Mientras vaciaba la vejiga en el urinario pensaba en que esa sería la última vez que lo haría en ese sitio, ya que tenía la intención de no volver a pisar ahí en lo que le quedaba de vida. 
 
Cuando se estaba subiendo la cremallera, la iluminación dio un bajonazo, y escuchó el chisporroteo de las bombillas en el interior de las viejas lámparas. Salió del servicio y subió las escaleras siendo recibido por una espesa penumbra que se había hecho dueña del local. No se oía nada y la poca gente que había tan sólo unos minutos antes había desaparecido. Comenzó a caminar casi a tientas hacia la mesa donde estaban los desquiciados, y su mochila, y a medio camino fue incapaz de dar un paso más.

Miraba ahora con los ojos muy abiertos hacia el lugar donde había permanecido sentado toda la noche, y vio, junto a su silla, una niña que estaba parada enfrente de la pareja. Si no fuera por las extrañas circunstancias que se daban en ese momento en el local, ver a una niña charlando con la pareja no resultaría nada especial, pero Marco tuvo la sensación de que esa no era una niña normal. Reunió el valor suficiente y comenzó a caminar muy despacio hacia ellos, y cuando estuvo apenas a un par de pasos, un tremendo escalofrío le recorrió el cuerpo al ver la escena que se desarrollaba frente a él.

Efectivamente, se trataba de una niña. Quizá tendría unos once o doce años, pero lo que hizo que las rodillas de Marco flaquearan era su aspecto. Vestía un ajado vestidito blanco y una, también blanca, enmarañada melena caía sobre su espalda. Su rostro era hermoso, como de muñeca de porcelana, pero sus ojos… Sus ojos permanecían cerrados y lágrimas de sangre se escapaban lentamente de ellos y resbalaban por sus pálidas mejillas. Bajo sus pies se había formado un charquito de agua sucia que se mezclaba con sus lágrimas carmesí. Movía los labios como si estuviera diciendo algo, pero ningún sonido salía de ellos. El silencio era casi absoluto, tan solo roto por una especie de ligeros rasguños, lo que hizo que Marco dirigiera su atención a los Desquiciados, ya que el sonido lo producían ellos: Laura dibujaba frenéticamente en un folio sobre la mesa y Javi escribía en su cuaderno de la misma forma. Ambos mantenían la mirada fija en la misteriosa niña y sus ojos se habían vuelto totalmente negros. Las lámparas seguían parpadeando y, al hacerlo, Marco distinguió sombras extrañas, como grandes tentáculos, que se movían sobre las paredes tras ellos. Acababa de mear, pero de nuevo sintió la necesidad. Estaba a punto de salir corriendo, muy lejos de allí, cuando la niña dejó de hablar. Por un momento, la pequeña se giró hacia él, y le hubiese mirado fijamente a los ojos si los de la niña no permanecieran cerrados todavía. Después, poco a poco, una sonrisa nació y creció en su, antes serio, rostro antes de darse la vuelta y comenzar a caminar en dirección a la puerta principal. Pero, como momentos antes había sucedido con una de las camareras, a medio camino, la niña se desvaneció en la oscuridad.

Todo volvió a la normalidad en un instante. La iluminación se mantuvo fija, las sombras desaparecieron y el charco que había bajo la niña ya no estaba. En la mesa descansaban, ahora, un sucio boceto con la imagen de la niña y un cuaderno garabateado con una caligrafía ilegible. Cuando Marco dirigió la vista hacia la pareja, comprobó que ambos clavaban sus miradas en él con gesto serio.
  • No deberías haber visto esto – le dijo Javi.
No se molestó en contestar. Con un rápido movimiento, cogió su mochila y salió corriendo a toda prisa hacia la salida.
  • ¡No deberías haberlo visto! – escuchó de nuevo, esta vez una voz gutural y aterradora, justo antes de salir a la calle.
Corrió y corrió, esquivando como podía a la gente que a esas horas disfrutaba de una cálida noche primaveral, a pesar de que unas enormes nubes grises se distinguían en el negro cielo. No se detuvo hasta haber dejado bien atrás la maldita taberna, y obligado, ya que su cuerpo se negaba a dar un paso más sin que los pulmones fueran a reventarle. Se metió en una boca de metro y cogió el primer tren que pasó sin fijarse siquiera a donde se dirigía. No le importaba, si lo hacía lejos de allí. Después de seis estaciones y una vez recuperado el aliento, intentó poner su cabeza en orden. Lo primero que debía hacer era volver a su casa. Miró un mapa del suburbano que había pegado en la pared del vagón y trazó la ruta más corta hacia ella. Treinta minutos después, tras haber recorrido en tiempo record la distancia entre la estación de metro y su casa, introducía la llave de su portal y subía a su piso. Una vez dentro, tiró la mochila bien lejos y se sentó en la cama escondiendo la cabeza entre las rodillas. Por ella pasó de nuevo toda la escena de la niña. Revivió de nuevo la sensación que se apoderó de él en el momento en que comprendió que se trataba de una de los niños malos sobre los que escribían los Desquiciados
 
Mientras la veía mover los labios, supuestamente relatando su historia, comenzó a sentir un dolor y un sentimiento de culpa que, surgidos de la nada, se abrazaban implacables a su acelerado corazón. Pero después de pensar un poco con claridad, comprendió que esos sentimientos no le pertenecían a él, sino que eran algo con lo que la niña cargaba irremediablemente. Cuando terminó su relato y dirigió su ciega mirada hacia él, esos sentimientos comenzaron a debilitarse poco a poco, hasta que desaparecieron justo en el momento en el que la niña le obsequió con esa modesta sonrisa.

Hasta ese momento, no se le había pasado por la cabeza que las historias relatadas en la web de los niños malos fueran reales, pero tras vivir in situ la aparición de una de ellos le hizo planteárselo muy en serio. Una teoría tomó forma en la cabeza de Marco mientras continuaba sentado en la cama: quizá el hecho de que estos niños compartan su historia con los Desquiciados, sea algo que ayuda a su espíritu a encontrar un rinconcito de paz en medio de su cruel condena. Quizá los Desquiciados contribuyan a una posible salvación de esos niños, una vez reconocidos los malvados actos que les han hecho terminar en ese oscuro lugar. Quizá.

Al rato, se tumbó en la cama, más tranquilo. Todo había terminado y tenía la seguridad, asentada por un gran deseo de ello, de que jamás volvería a ver a la extraña pareja. Con esa convicción se quedó dormido al poco tiempo.
Un trueno lo despertó poco después. Se incorporó sobresaltado y, tras del susto inicial, se asomó al ventanal del balcón para ver cómo varios relámpagos iluminaban el cielo nocturno no muy lejos de allí.
  • Vaya nochecita – y una sensación de lobreguez le atravesó de arriba abajo.
Se había desvelado completamente, así que, con repentina decisión, buscó su mochila por el suelo. Allí estaba, justo en el sitio en el que la había tirado al llegar. Fue hacia ella y sacó su grabadora, dispuesto a terminar con lo que había empezado. Aunque no tenía ninguna gana de volver a dar vueltas al tema, decidió que, de todas formas, era una buena historia. Podría relatar la entrevista de forma novelada, para darle un toque de misterio. Seguro que a María le encantaría.

Transcribió la grabación a toda velocidad. De vez en cuando, se escuchaba algún sonido extraño, al igual que la noche anterior, pero la amenaza de Laura parecía haber surtido efecto y tan solo se repitieron en un par de ocasiones. Cuando terminó la transcripción, comenzó a dar forma a su historia, desde que entró en la taberna con la esperanza de declarar su amor, hasta el momento en el que la abandonó. Aunque esa parte la maquilló un poco. Las palabras fluían imparables y con una creciente sensación de euforia terminó relativamente rápido.

Miró el reloj y vio que marcaba las cuatro cuarenta de la madrugada. Después de haber leído y releído un par de veces su obra, y de haber hecho las correcciones oportunas, decidió que todo estaba listo. Sintió una extraña emoción justo antes de guardar el archivo en el disco duro.

Fuera, la lluvia había empezado a caer, y ahora las gotas golpeaban contra el ventanal del balcón empujadas por el viento. Marco entró en el panel de control de su blog dispuesto a publicar una nueva entrada con su gran obra. Por la mañana, María la vería y seguro que por la tarde, en clase, le expresaría su agradecimiento. Entonces aprovecharía para decirle todo aquello que se guardaba para sí desde hace mucho tiempo. Cuando la tuvo lista y comprobó con la vista previa que todo estaba en orden se dispuso, tras unos interminables momentos de dudas, a confirmar la publicación. Sin embargo se dio cuenta de que, con el frenesí de la escritura, se le había olvidado algo. En su móvil todavía estaba la foto que había sacado a escondidas a los Desquiciados. Serviría para ilustrar la historia, aunque en el fondo temía que la pareja no se lo tomara muy bien después de advertirle que nada de fotos. Pero decidió correr el riesgo. “De perdidos al río”, pensó. Cogió el teléfono y lo conectó a su ordenador. Buscó la foto en cuestión y, al momento, apareció copando toda la pantalla y haciendo que de nuevo el corazón de Marco comenzase a acelerarse hasta límites insospechados. En la imagen aparecía el sofá donde habían permanecido sentados durante la entrevista. Pero sobre él, en lugar de un chico y una chica normales y corrientes, como Marco les había visto, había dos sombras totalmente negras y desenfocadas, que contrastaban con la nitidez absoluta del resto de la foto. Pero no era lo único anormal. Ahora pudo ver claramente qué era lo que había producido las extrañas sombras que vio mientras la niña aparecida relataba su historia: efectivamente, grandes tentáculos surgían alrededor del sofá de los desquiciados, como si hubiese caído sobre de un pulpo gigante y éste luchase por liberarse.

Otro trueno retumbó más cerca e hizo que Marco, sobresaltado, dirigiera su vista al balcón. En ese preciso momento, otro relámpago iluminó el cielo nocturno a la vez que recortaba dos oscuras siluetas con alas de murciélago que permanecían de pie en su balcón y escudriñaban el interior con unos ojos que parecían arder como brasas.

Un intenso temblor se adueñó del cuerpo de Marco y lo hizo caer de la silla de espaldas. En el suelo comenzó a sentir como toda la habitación daba vueltas a su alrededor, y él era incapaz de detenerla. Su corazón le golpeaba el pecho como si quisiera escapar de él, y huir muy lejos, y su cuerpo se convulsionaba mientras echaba espumarajos por la boca. Cuando, tras unos interminables momentos, se detuvo por completo, tenía la mirada fija en el techo. Estaba totalmente consciente, pero a pesar de sus esfuerzos fue incapaz de mover un solo músculo. Oyó como la puerta corredera del balcón se abría y el sonido del fuerte chaparrón inundaba el cuarto. Escuchó como las dos terribles figuras que tanto le habían aterrorizado avanzaban lentamente sobre el parqué. Pero se sorprendió cuando por delante de sus ojos, una mano normal y corriente se movía de un lado a otro, quizá comprobando su grado de consciencia. Cuando la mano desapareció, el techo ocupó de nuevo su campo visual. Después, sobre el sonido de la tormenta pudo escuchar varios clicks del ratón de su ordenador. Luego, durante interminables minutos, tan solo escuchó la incesante lluvia. Era un sonido muy relajante, y tuvo la sensación de que todo su cuerpo se aflojaba. Quizá, inconscientemente, se preparaba silenciosamente para partir de este mundo. Justo en ese momento las caras de la pareja que, tan bien conocía y tanto temía volver a ver, irrumpieron en su campo de visión. Tras unos segundos, que se le hicieron eternos, ambos esbozaron una malévola sonrisa y uno de ellos alargó su mano hacia él. Sintió como le recorría alrededor de los labios. Le estaba limpiando los restos de espuma de sus convulsiones. Tras ello, lo último que sintió fue el leve contacto de un dedo sobre su frente. Después, todo fue penumbra.


EPÍLOGO

Tras el contacto, una fina capa de niebla cubrió los inertes ojos de Marco. Ambos se miraron con gesto de resignación y de nuevo dirigieron su atención a la pantalla del ordenador donde la nueva entrada del blog se preguntaba impaciente cual sería su destino.
  • Lástima, el chaval se lo ha currado – dijo Javi.
  • Sí, la verdad es que le ha quedado bastante bien – contestó Laura seria.
  • ¿Te imaginas qué pasaría si esto se diera a conocer?
  • Hombre, la verdad es que para una mente cerrada, podría parecer nada más que una simple historia fantástica, como miles que hay por ahí.
  • Sí, eso sí. Pero siempre hay alguien que mira un poco más allá y le puede la curiosidad. Y a mí me dan una pereza los curiosos…
  • Te comprendo. Tantos siglos… - y añadió tras un momento de nostálgico silencio - La tormenta parece haber amainado y está a punto de amanecer. ¿Te has ocupado de la grabadora y de la foto?
  • Sí, está todo borrado - en la pantalla del portátil permanecía la ventana de confirmación: ¿Publicar? ¿Eliminar? -. Tan sólo queda la entrada del blog.
Miraron a su alrededor y echaron una última mirada al pobre Marco, que yacía en la misma postura con una aterradora sonrisa en su cara que no mantenía armonía alguna con el resto de su rostro. Javi se giró hacia el ordenador, desde donde la entrada con la historia escrita por Marco parecía tirarle de la manga, impaciente por llamar su atención.
  • ¡Qué coño! – dijo, y Laura asintió de acuerdo con él.
Momentos después ambos se deslizaban a través de la oscuridad de la noche hacia el suelo de las mojadas calles, mientras el portátil de Marco lanzaba otro mensaje al mundo:
  • Entrada publicada correctamente.

    The End

viernes, 22 de junio de 2012

Colloquium (Acto III: La entrevista II)





Marco caminaba con la cabeza gacha mientras pensaba en todo lo acontecido a lo largo del día. De camino a la taberna donde le esperaban los Desquiciados, la oscuridad había caído a plomo sobre la ciudad, y eso había ensombrecido aún más su ánimo. ¿Con qué se iba a encontrar a lo largo de esa noche?

Llegó al lugar de reunión y empujó la puerta tras tomar un poco de aire para coger ánimo. El lugar, como de costumbre, estaba medio vacío y las viejas lámparas que decoraban la pared apenas emitían luz, por lo que el sitio, después del descubrimiento de esa tarde, le pareció de lo más lúgubre.

Al fondo, en el lugar habitual, la pareja ya le estaba esperando y al verle, le hicieron alegres gestos de bienvenida. Según recorría el pasillo para reunirse con ellos, miraba de reojo las viejas fotografías que adornaban el local. La verdad es que no ayudaban nada a relajar la sensación de agobio que se había adueñado de él. Desde que vio la película Los otros, las fotos de gente de épocas pasadas de daban cierto repelús. Y si además, sus caras estaban ligeramente difuminadas, como era el caso de los retratos de la taberna, la sensación era aún mayor.

Por fin llegó junto a los desquiciados y después de los saludos correspondientes tomó asiento en la misma silla que la noche anterior. Sacó torpemente sus cosas de la mochila y ante la mirada inquisitiva de la pareja, que parecía haber notado la repentina incomodidad de Marco, puso en marcha la grabadora. Cogió su vaso, que la pareja se había encargado de tenerle preparado, y de un trago vació la mitad de su contenido antes de efectuar la primera pregunta de la noche.
  • Empecemos, si os parece bien – ante lo que ambos asintieron, todavía perplejos por la inesperada exhibición bebedora de su entrevistador -. ¿Por qué tanto mal rollo y oscuridad en vuestras historias?
  • Cuando era pequeña – contestó Laura tras un momento - y todas mis compañeras de colegio se pedían ser princesas en los juegos, a mí me encantaba ser la bruja malvada. Pintaba de negro el pelo y los labios de las niñas rubitas en los cuentos que me regalaban (mi madre se volvía loca). Me escondía detrás de la puerta cuando había una película de terror y me mandaban a la cama… Supongo que las cosas oscuras y que daban mal rollo han formado parte de mí desde siempre. Lo único que hago ahora es expresar todo eso con el dibujo y he encontrado a la persona perfecta para que acompañe esa forma de expresión.
Javi asentía mientras su compañera respondía, pero no añadió nada a la respuesta.
  • ¿Cómo os organizáis para sacar las cosas adelante? ¿Cual es vuestro método de trabajo?
  • Yo lo definiría como: caótico, poco disciplinado, desorganizado – contestó el Desquiciado con una risita -. Se nos ocurren ideas, nos las contamos, a veces las sacamos adelante y otras no. A veces las ideas se le ocurren a uno, se las cuenta al otro y es éste el que termina de definir lo que se va a hacer.
  • Tenemos que decir que hay unos cuantos proyectos que hemos empezado y se han quedado al final en el tintero, o bien porque la cosa no fluía, o bien porque era un trabajo excesivo para sacarlo adelante – añadió Laura después de dar un sorbo a su cerveza.
  • ¿Tenéis algún lugar especial donde buscáis inspiración?
  • En realidad no buscamos la inspiración, siempre la encontramos por casualidad, nos inspiramos en cosas que vemos y nos hacen gracia: cuentos infantiles, el hijo de Javi, mis sobrinas, libros que hemos leído, ilustradores que nos encantan, películas que disfrutamos…
  • Sí, en mi caso – comenzó a decir Javi – cuanto más busco a mi Musa, mejor se esconde. Debe ser por el olor. Pero no siempre lo consigue, y ahí es cuando aprovecho.
  • Respecto al método de trabajo, gracias a la era de internet, Javi escribe en su casa y yo dibujo en la mía. Luego nos mandamos lo que hemos hecho por e-mail y terminamos de darle forma. Cada pocos días hacemos reuniones en este, nuestro despacho y exponemos las cosas pendientes para darles soluciones en común.
  • ¿Tenéis algún lugar especial para trabajar? Una hora concreta… - Marco hacía las preguntas sin apenas esperar a que terminaran de responderlas - ¿Os gusta trabajar con música de fondo o preferís, por el contrario, el silencio?
  • Por mi parte, no hay lugar especial – se adelantó Javi -. Si lo hubiera, estaría muy lejos de aquí, te lo aseguro.
  • Cuando me pongo a dibujar suele ser en el salón – añadió Laura -, es mi lugar favorito de la casa con todas las plantas alrededor y la luz que entra. A pesar de que yo sea un poco “oscura” me encantan las casas con una buena luz natural. Nunca pongo música de fondo. Me encanta el silencio y como vivo con una persona que tiene que estar constantemente poniendo música de fondo (es un enfermo musiquero), cuando trabajo me gusta no escuchar nada. Lo mismo me pasa cuando leo un buen libro.
  • El lugar donde vivo, el silencio es un gran desconocido, por eso prefiero tener algo de música de fondo. Más que nada para intentar aislarme del exterior.
En ese momento, Marco, aprovechando que por un instante los desquiciados dejaron de mirarle para tomar un trago de sus cervezas, les hizo una foto a escondidas con el móvil, con el que no había dejado de juguetear durante todo ese tiempo. Deseó que, a pesar, de los nervios, la foto no hubiera salido movida. Después, como quién no quiere la cosa, se guardó el teléfono en el bolsillo.
  • Bien, hablemos ahora de vuestros trabajos. ¿Cómo surgió la idea de Selene?
  • Cuando decidimos zanjar El Freakfanato nos dedicamos temporalmente a Donde acaban los niños malos – dijo Laura -, que no eran precisamente adecuados para niños. Tanto Javi como yo tenemos a ciertas personillas importantísimas en nuestras vidas, así que había que hacer algo que pudiéramos compartir con ellos, así que se nos ocurrió pensar en algo. Hace un par de navidades regalamos a mis sobrinas la increíble película de Miyazaki “Ponyo en el acantilado” que se convirtió en su peli favorita, la veían una y otra vez. De ahí surgió la inspiración del personaje.
  • ¿Y los famosos niños malos?
  • Cansada de dibujar pequeñuelos cabezones con lineart, Laura decidió empezar a experimentar otra forma de dibujo, y de ahí salió la preciosa Kamilla. Me inspiró tanto como para crear una historia que diese más vida aún al personaje y así empezamos con aquel blog, que ahora se ha convertido en web y lo que es más importante, en libro.
  • Los tenemos un poco abandonados últimamente. Las vías de comunicación con ese reino de penumbra parecen haberse cortado – añadió Laura taciturna, algo que a Marco no le hizo demasiada gracia. Ya no sabía cómo tomarse esa clase de respuestas.
  • Habladme del libro de los niños malos, ¿por qué os decidisteis a dar el paso de publicar las historias en papel, con la que está cayendo en el mundo editorial, si los relatos ya están disponibles en vuestra página?
  • A Javi se le ocurrió la idea de darle un contexto a las historias sueltas que habíamos acumulado a lo largo de los meses anteriores en el blog. Por otra parte, teníamos ganas de ver impresos en papel los dibujos que tantas horas nos habían costado y nos constaba que había gente que también querría llevarse a nuestros niños a sus casas.
  • Por cierto, un libro que autoeditásteis. ¿No se lo hicisteis llegar a ninguna editorial antes para intentar que os lo publicaran?
  • La verdad, es que no. Somos muy conscientes de que tenemos mucho por mejorar aún como para que una editorial se interese por nuestro trabajo.
  • Pero estamos en ello – añadió Javi –. Tiempo después sí que lo ofrecimos a una editorial, pero no hubo suerte. Sin embargo, estamos muy agradecidos a la evaluación de la obra que nos hicieron llegar.
  • Sí, nos ayudaron mucho a aclarar ideas.
  • Bueno, ¿qué me decís de las Horror Series?
  • Un día de esos en los que Javi se levanta inquieto, subió al Facebook un viejo dibujo del especial de Halloween de El Freakfanato. Era uno de los personajes disfrazado de Jason Voorhees, de Viernes 13. Un comentario de los que nos dejaron sugería que subiéramos una versión del cenobita Pinhead, y esa misma tarde me puse a ello.
Como soy una loca del cine de terror, tanto clásico como moderno, se me ocurrió continuar dibujando a los personajes más emblemáticos de ese género desde mi punto de vista.
  • La pena es que la gente no se anime más a hacernos sugerencias.
  • ¿Por qué son casi siempre niños los protagonistas de vuestros trabajos?
  • Porque Laura no sabe dibujar adultos – contestó Javi con una carcajada mientras miraba de reojo a Laura, a la vez que esta le devolvía una mirada de esas que taladran cerebros.
  • Es verdad – dijo sin embargo muy digna – pero es algo en lo que estoy trabajando.
  • ¿Alguno de vuestros personajes se basa en alguien real?
  • De los proyectos que tenemos actualmente en marcha solamente Ludmila, un personaje secundario de Selene y los Von Faust, está basado e inspirado en una persona de carne y hueso. Aunque todo el mundo dice que Zoe soy yo, en realidad se parece, pero no me he inspirado en mi misma para hacerla.
  • Entre los niños malos también hay alguien que se merecía una historia – respondió Javi mientras una mirada extraña se formaba en su cara y su respiración se aceleraba. Laura puso una mano sobre su hombro y esto pareció calmarle algo.
  • Bueno y los tres niños protagonistas de Atul son sin duda mis sobrinas Olalla e Iria y el niño de Javi, David – añadió Laura cuando vio que su amigo había vuelto a la calma y disfrutaba de su cerveza.
Marco había descubierto escarbando en el blog, y en su perfil de Facebook, que Desquiciados, además de todos esos trabajos siniestros ya conocidos, habían autoeditado también un cuento en apariencia muy colorido e infantil.
  • Atul, creo que es un gran desconocido para la gente que os sigue. ¿Qué es exactamente? ¿Por qué ese cambio de registro en ese libro?
  • Antes de dar por cerrado definitivamente El Freakfanato, una editorial se interesó en publicar un cuento con nuestros nenes como protagonistas – contestó Javi -. Se tituló “El troll, una historia de El Freakfanato”. Poco después se pusieron en contacto, de nuevo, porque tenían interés en publicar otro cuento infantil y habían pensado en nosotros para hacerlo.
  • Javi escribió esta historia y yo hice los dibujos acorde con el público al que iba dirigido. No siempre se puede meter vampiros y niños malos. Es una historia preciosa y tierna y los dibujos debían reflejar eso mismo. Al final la editorial no se decidió a publicarlo y tiempo después encargamos a una imprenta unos cuantos ejemplares para nosotros.
  • ¿Y no lo habéis ofrecido al público?
  • En su momento anunciamos que teníamos algún ejemplar disponible y hubo gente que sí se animó a pedirnos uno – contestó Javi -. Y una de esas personas, cuando lo recibió y su hijo lo leyó, compartió con nosotros algo que nos emocionó mucho.
  • Todavía nos quedan un par de ellos, por si a alguien le interesan… - dijo Laura mirando fijamente a Marco.
  • Veremos, veremos… - contestó nervioso -. Muy bien, ¿Cuál es vuestro método de promoción?
  • Facebook principalmente, el marketing desde luego no es lo nuestro.
  • Confiamos en que lo que hacemos guste a la gente, y a partir de ahí, que funcione el boca a boca. O mejor dicho, el muro a muro.
  • Claro que por el momento a pesar del esfuerzo de algunas personas a las que se lo agradecemos de corazón, la cosa no termina de arrancar. Está todo muy saturado de gente que hace cosas de todo tipo, y destacar se hace muy difícil, la verdad.
  • ¿Habéis pensado en dar un paso más con vuestras creaciones y animar vuestras historias?
  • Lo hemos pensado, re-pensado, hablado y re-hablado. El problema es que todavía no nos hemos puesto en serio con las aplicaciones para ello. Además, somos conscientes de lo duro y trabajoso que es, por lo que deberíamos dejar de lado otros proyectos para centrarnos en eso y, de momento, no nos hemos decidido.
Marco detuvo la grabadora y sugirió hacer una pausa antes de terminar con la última ronda de preguntas, que pondría punto y final a la entrevista. Laura aprovechó para levantarse y dirigirse al servicio mientras una nueva ronda era depositada en la mesa junto con algo de comer. No había pasado un minuto cuando Laura estaba de nuevo de regreso ante la sorpresa de Marco, que se vio reflejada en su cara. Javi se acercó a su oído, y le susurró:
  • Tío, yo tampoco entiendo como lo hace. Una mujer normal y corriente no tarda tan poco en hacer sus cosas, ¿a que no? Debe de ser brujería…
Y se separó de nuevo guiñándole un ojo a escondidas de la chica. La forma en que se lo había dicho, turbó a Marco, que estaba muy susceptible a los posibles comportamientos extraños que pudieran darse en la pareja esa noche. Y como pudo comprobar más tarde, motivos no le faltaban.

Mientras daban cuenta de la bebida y la cena, la charla transcurrió por derroteros menos misteriosos. Los Desquiciados se interesaron por la marcha de los estudios de Marco, y además, lograron sonsacarle cosas acerca de su querida amiga María. Cuando terminaron con el tentempié, la mesa fue recogida por una servicial camarera, que dejó tres nuevas jarras antes de… desaparecer. O eso le pareció a Marco, ya que siguió, al igual que Javi, a la camarera mientras se marchaba y al llegar a una zona más oscura del local la chica pareció desvanecerse.

Marco se frotó los ojos y culpó a la cerveza que llevaba consumida esa noche de lo que había visto. Pobre infeliz.



 

jueves, 21 de junio de 2012

Colloquium (Acto II: La entrevista)





La tarde siguiente Marco acudía a su cita totalmente preparado para efectuar una entrevista, en su opinión, bastante profesional. Durante la noche, a pesar de tener un importante mareo provocado por los cuatro tercios que había tomado, realizó una intensa sesión de investigación.

Para empezar, buscó a Desquiciados SC en Facebook, porque sabía que ese era su medio principal de promoción, y seguramente sacaría algo en claro de cómo eran a través de sus publicaciones y comentarios. No llegaban a los cien amigos, o contactos, algo raro en gente que trata de darse a conocer. Una vez que se metió de lleno en su perfil comprobó que tan solo tenían relación habitual con un puñado de ellos. Entre otras cosas pudo descubrir los otros trabajos en los que andaban metidos, y además, que tenían un blog desde donde se podía acceder fácilmente a todo su mundo. Tomó buena nota de todo y, acompañado de una taza de café bien cargado, visitó sus páginas.

Decidió empezar por la que ya conocía, Donde acaban los niños malos. Después de leer todos y cada uno de los relatos necesitó un tiempo para reponerse del mal rollo que se había instalado en su cuerpo. Los dibujos eran oscuros y siniestros, a pesar de que sus protagonistas eran niños y niñas, una sensación de inquietud crecía al ir leyendo  la historia de cada uno de ellos. Comprobó, con un nudo en el estómago, que en esa página no había lugar para la alegría. Dejando aparte el contenido, pudo comprobar que el estilo narrativo claramente no pertenecía a un escritor, digámoslo así, profesional. La escritura era correcta, sin alardes, y se podía percibir una ligera evolución en su calidad entre los primeros escritos y los últimos. También averiguó que habían autoeditado un libro con todos los relatos y lo habían puesto a la venta. Sería algo sobre lo que les preguntaría en la entrevista.

Con ganas de quitarse de encima esa sensación tan incómoda, decidió visitar su otra web: Selene y los Von Faust. Se sorprendió gratamente de que fuera una web de marcado tono infantil, aunque no abandonase ese estilo oscuro y gótico que era habitual en ellos. Esa página, además de contener historias cortas dirigidas principalmente a los niños, incluía una serie de pasatiempos también para los más pequeños, y Marco no pudo evitar quedar  atrapado en ella bastante rato mientras trataba de resolver los puzles que contenía.

Se le hizo bastante tarde, pero tuvo tiempo de regresar al blog y ver su otro trabajo actual: DSC Horror Series. Se trataba de una serie caricaturas de monstruos del cine, entre los que había algunos que no conseguía identificar. No era un gran amante del cine de terror.

Y con esa última ración de monstruos, apagó el ordenador y se fue a dormir pensando en que esos Desquiciados tenían una vena un tanto rarita…

Llegó a la taberna media hora antes de la hora a la que habían quedado, pero al entrar por la puerta pudo ver que los Desquiciados ya ocupaban el mismo sofá que la noche anterior. Cuando llegó junto a ellos, una camarera estaba terminando de dejar tres vasos de casi un palmo y medio de altos, hasta arriba de exquisita cerveza de trigo.

           – Pensamos que ayer te habrías quedado con sed – dijo Javi cuando dejó de mirar a la camarera alejarse -. ¿Empezamos?


Después de los saludos de rigor, y de acomodarse en su asiento, Marco sacó su grabadora y se dispuso a comenzar la entrevista.
  • – Si os parece bien, para empezar, podéis contarme como os conocisteis – preguntó.
Ambos se tomaron un momento para ver quién empezaba y fue Laura quién empezó diciendo:
  • – Pues resulta que, dos años atrás, yo trabajaba en una aburrida empresa que prestaba servicio informático a otra empresa más grande, y más aburrida entre otras cosas, y nos habían avisado de que iba a haber una nueva incorporación al equipo. A la semana apareció Javi por la puerta. Al principio todos pensábamos que era sordomudo y, por qué no decirlo, un poco inquietante, ya que apenas se comunicaba con el resto, ni nosotros lo hacíamos con él.
  • – Sí, tengo fama de callado – dijo Javi tras ver la mirada que Marco le dirigía -. Fama bien ganada por otra parte. No es que sea un borde ni nada parecido, solo pienso que si no hay nada que aportar a una conversación mejor quedarse calladito. Así que puedes imaginar qué clase de conversaciones se daban en ese sitio – y bebió un sorbo mientras esbozaba una sonrisa y miraba a Laura de reojo. Ésta puso los ojos en blanco y continuó hablando:
  • – Pasaron los meses y la cosa no variaba, él llegaba, hacía sus cosas y se iba. Pero un buen día, se me ocurrió, en un momento de aburrimiento sumo, ponerme a dibujar una muñequita de grandes ojos negros y vestido de calaveritas, que bauticé como Etel. Tras enseñársela a todos, por primera vez Javi se dirigió a mí con una frase de más de dos palabras: “De esto podemos hacer una página web con historias cortas de coña para acompañar a los dibujos…”, y esa fue la primera piedra de nuestro querido y malogrado Freakfanato, y poco a poco, de nuestra amistad.
  • – ¿Freakfanato? – respondió Marco - , ¿qué es Freakfanato?
  • – Fue nuestro primer proyecto, acompañado de otras personas que en ese momento trabajaban con nosotros – dijo Javi mientras Laura refrescaba el gaznate con un gran sorbo de su pinta.
  • – No tenía ni idea, la verdad. Vais a pensar que no he preparado la entrevista, pero es que no he visto nada de ese Freakfanato en vuestro blog.
  • – Es que, por desgracia, no tuvo final feliz. Fue consumido por las llamas de… - añadió el Desquiciado con dos rendijas por ojos pero dejó la frase a medias - Preferimos dejar ese tema en el olvido si no te importa, ya que a pesar de ser lo que nos abrió las puertas para que la gente nos fuera conociendo y que nosotros conociéramos también a gente muy maja, nos trae recuerdos que nos revuelven las tripas…
  • – Sip, mejor lo dejamos – añadió Laura.
Marco pensó que quizá más adelante, con más cerveza corriendo por las venas de la pareja, podría sacar alguna información sobre el tema. Iluso.
  • – Bueno, entonces ¿con ese Freakfanato comenzó Desquiciados SC?
  • – No, Desquiciados surgió más adelante – contestó Laura -. Como te he dicho antes, ese proyecto lo hicimos acompañados, nunca mejor dicho, de otras dos personas. Con el tiempo pasaron ciertas cosas que hicieron que nuestra forma de trabajar cambiara bastante. A un comienzo lleno de ilusiones y de buenos propósitos por parte de todos, lo siguieron tiempos un poco más revueltos cuando se fue viendo la actitud de ciertas personas.
  • – Un velo de mal rollo, atraído por la sensación de que nosotros dos cargábamos con todo el peso y el trabajo del proyecto, nos cubrió poco a poco – añadió Javi con gesto teatral y continuó, ya en un tono normal -, y la confianza que habíamos depositado en el resto del equipo se fue resquebrajando. Hasta que pasaron cosas que a Laura y a mí nos afectaron bastante. Quedamos bastante tocados y tristes.
  • – De repente – intervino Laura de nuevo -, en la cabecita loca de una de nuestras compañeras urdíamos una diabólica conspiración para yo que sé qué, y todo estalló de muy malas maneras. Y así surgió esta asociación. Y qué mejor nombre para ella que el estado de ánimo en el que nos habían dejado.
  • – Lamento oír que las cosas acabaran tan mal – dijo Marco -. Bueno, en vuestros trabajos, lo primero que llama la atención son tus dibujos, Laura. ¿Cuánto tiempo llevas dibujando?
  • – Desde que tengo uso de razón mi mayor afición ha sido el dibujo. Ni las muñecas, ni los cochecitos, ni los juegos de mesa… Lo mío desde bien pequeña era destrozar lápices y papeles cual niña poseída. Por desgracia, nunca me dio por estudiar nada relacionado con el arte ni la pintura. Pero bueno, ahí estoy, aprendiendo algo nuevo cada día.
  • – Como me has dicho antes, Javi, lo de escribir historias surgió más que nada para acompañar a los dibujos de Laura. Pero, ¿desde cuándo tienes la inquietud de escribir historias?
  • – Te podría decir que desde que tengo uso de razón, o que mi madre me castigaba porque todas las mañanas mis sábanas aparecían con grandes manchas de tinta producidas por quedarme dormido con el bolígrafo en la mano, o que siento la necesidad de expresar las inquietudes que atormentan mi alma a través de palabras. Pero si te soy sincero, y como cualquier lector habitual puede notar en mi estilo de escritura, nunca me había dado por escribir hasta que no comencé con esto. Siempre he sido más de leer, y nunca he sentido la necesidad de escribir historias. No voy de escritor, ni mucho menos. Pero he de reconocerte, que hacerlo me gusta cada vez más, y hago todo lo posible por intentar mejorar día a día.
  • – Y, ¿vuestras familias qué opinión tienen de vuestro trabajo?
  • – ¿Mi familia? – comenzó a decir Laura – Tienen todos nuestros libros. Mis sobrinas llevan nuestras camisetas, y cuando alguna de ellas pide que le pongan alguna de Bob Esponja, o de Dora la Exploradora, tanto mi madre como mi hermana las convencen como pueden de lo bonitos y molones que son Selene y Ozzy, personajes de Selene y los Von Faust. O sea, que son las únicas que nos compran camisetas, jajajajaja. Solo por eso ya me siento apoyada.
  • – Es muy gracioso ver como mi madre luce las chapas de los niños malos puestas en su bolso – añadió Javi con una sonrisa de oreja a oreja -. A pesar de ser muy siniestros para ella, le encanta llevarlas. La verdad es que no nos podemos quejar de apoyo familiar.
  • – Vamos a tratar de conocer un poco más sobre vuestros gustos y aficiones. Por ejemplo, ¿qué libros y a qué autores podremos encontrar en vuestras estanterías?
  • – En mi caso podrás encontrar mucha literatura fantástica – comenzó Javi -. Por supuesto, El señor de los anillos y Canción de hielo y fuego. También tiene un sitio especial las sagas de El señor de la guerra y Sajones, vikingos y normandos de Bernard Cornwell. Tengo gustos muy variados, pero vamos, principalmente fantasía y el terror. Autores… además de los que ya he dicho, Terry Pratchett, Neil Gaiman, Joe Hill… Y de los clásicos: Horacio Quiroga, Poe, Mary Shelley… Buff, demasiados para aburrirte con ellos.
  • – Mi libro de cabecera permanente – dijo Laura – es El tambor de hojalata, de Gunter Grass. Me lo leo una y otra vez. Ya sé que esperabas algo de Stephen King, Edgar Allan Poe o Guy de Maupassant… Pues también me encantan, al igual que Neil Gaiman, Bram Stoker y Lovecraft.
  • – ¿Y de niños? ¿Qué libros solíais leer?
  • – El pequeño vampiro, El principito, Alicia en el país de las maravillas… - dijo Laura - Y esos cuentos tristes de Andersen y Wilde: La sirenita, La cerillera, El gigante egoísta, El ruiseñor y la rosa, La reina de las nieves…
  • – Yo de pequeño no era tan siniestro para la lectura: los cuentos de los hermanos Grimm, Los caballeros del rey Arturo, Mortadelo y Filemón… Luego ya descubrí El señor de los anillos, y a partir de ahí…
  • – ¿Y qué me decís del cine? Aunque creo que ya me hago una idea…
  • – Bueno – contestó Laura -, aparte de la idea que te hayas hecho, que seguro que es correcta, para hacer la respuesta más breve te puedo dar un par de nombres representativos del cine que no me gusta nada: Meg Ryan y Julia Roberts.
  • – Te puedo decir lo mismo – añadió Javi -, no es que me guste un tipo de películas en concreto. Pero vamos… en cuanto una película se basa en amoríos, procuro alejarme lo suficiente de ella. Donde estén la fantasía, la épica, el misterio…
  • – Muy bien, Laura, ¿qué opinión tenéis sobre las últimas tendencias respecto al género de terror, que se dan en la literatura y el cine actuales? Esa invasión de vampiros, zombies…
  • – Mierda, mierda y mierda. Odio que algo que siempre hemos disfrutado los cuatro frikis de turno se haya convertido en algo masivo y comercial. Échale la culpa a los vampiros reflectantes de Crepúsculo, a The walking dead o Underworld. Para mí, los auténticos siempre serán aquellos seres rodados con bajos presupuestos y mucha imaginación. Con mucho presupuesto y el toque suficiente de ñoñería cualquiera puede hacer algo comercial.
  • – Yo no soy tan radical – aportó Javi -, pero hay cosas que me matan. Admito que he leído la saga Crepúsculo. Me regalaron el primer libro y ya me obligué a terminarla ya que quería ver como la autora le daba solución a esa relación necro-zoofílica que plantea. Y vamos… Yo opino que puedes escribir lo que quieras basado en criaturas míticas como vampiros, hombres-lobo, y que quieras darles un toque “personal”, pero hay ciertas cosas que hay que respetar.
  • – Cierto. ¿Qué soléis hacer en los ratos en los que dejáis el trabajo de Desquiciados aparte?
  • – Yo cuando puedo organizo aquelarres con mis amigas. Vamos a un bosque a medianoche, encendemos un buen fuego y bailamos desnudas alrededor de la hoguera.
Marco se quedó mirando a Laura sin saber si hablaba en serio o si lo hacía en broma. Su expresión no aclaraba mucho las cosas.
  • – Menudas brujas – añadió Javi entre risas para terminar de confundirlo más -. No logro averiguar donde los hacen y se niega a decírmelo. Así que si quiero aquelarre, tengo que buscarme mi propia cabra y montármelo yo solo…
En ese momento Laura estaba bebiendo y cual aspersor expulsó el trago que acababa de tomar sobre el pobre Marco, al que pilló totalmente desprevenido ya que todavía estaba asimilando lo que acababa de escuchar. Las carcajadas de los desquiciados interrumpieron el breve silencio que se produjo en ese momento y mientras se tranquilizaban, el chico se disculpó y se levantó para ir al baño.

Pocos minutos después, regresó, y tomó asiento de nuevo a la vez que Laura se disculpaba por el pequeño incidente anterior.
  • – ¿Ves lo que tengo que aguantar? – le dijo mientras realizaba un extraño gesto furtivo con la mano, como si apartara algo invisible… y molesto.
  • – Te quejarás – protestó Javi haciéndose el ofendido.
Marco se dio cuenta, entonces, de que se habían quedado solos en el local, incluso las solícitas camareras se habían esfumado, sin embargo tres nuevas pintas esperaban a ser consumidas. No era muy tarde y le resultó extraño ver el local vacío, pero no le dio mayor importancia. Marco aceptó las disculpas y volvió a coger su cuaderno, secó como pudo la hoja mojada y continuó con la entrevista.
  • – Si tuvieseis la oportunidad de colaborar con algún artista consagrado, ¿con quién os gustaría hacerlo?
  • – Llamamos constantemente a Tim Burton y a Neil Gaiman, pero inexplicablemente después de la décima vez han dejado de cogernos el teléfono… - dijo Javi.
  • – Y de los emails no tenemos respuesta, deben tener mal el correo – añadió Laura pesarosa.
  • – Si Desquiciados SC no existiera, ¿qué estaríais haciendo ahora mismo?
  • – Seguramente me dedicaría a la informática para ganarme el pan, como hago ahora, y en mi tiempo libre, en vez de dibujar o planear futuros proyectos retomaría mis estudios de brujería, que he dejado de lado por esto.
  • – Yo no me lo planteo, sinceramente. También soy informático, pero vamos…
Después de esa respuesta, Marco apagó la grabadora y les comunicó que ya tenía suficiente para la primera parte de la entrevista. 

Dada la hora que era, pidieron algo ligero para cenar y comentaron sus impresiones con respecto a cómo había ido la sesión. Marco les reconoció que alguna de las respuestas le habían sorprendido y que no sabía hasta qué punto podía tomárselas en serio.
  • – En todas las respuestas hemos sido fieles a la verdad – comentó Laura -, claro que en algunas hemos añadido algún ingrediente extra, que nunca viene mal.
Continuaron cenando y charlando de cosas triviales, y cuando terminaron, Marco se despidió con la promesa de regresar a la noche siguiente para continuar con la segunda tanda de preguntas.
Hora y media más tarde se encontraba tumbado en su cama. Vivía en un piso alquilado junto a dos compañeros de la facultad que esos días se encontraban fuera de Madrid. Intentaba reunir fuerzas para transcribir lo que había grabado. Pero aunque su voluntad solía ser férrea a la hora de trabajar, el insoportable dolor de cabeza que se había alojado en su cráneo, tras meterse para el cuerpo una pinta tras otra durante la entrevista, ejercía un gran poder de persuasión y le convenció para tomarse un ibuprofeno y tratar de dormir. Ya tendría tiempo al día siguiente de recuperar el tiempo perdido.

Pasaban de las doce de la mañana cuando abrió los ojos y, al hacerlo, tuvo que volver a cerrarlos para conseguir que el mundo dejase de dar vueltas. Pasados unos segundos volvió a intentarlo y esta vez consiguió fijar la vista en un punto concreto. Comprobó que el dolor de la pasada noche casi había desaparecido aunque todavía, de vez en cuando, se hacía notar en forma de cruel pinchazo. Después de una larga ducha se sintió mucho mejor y fue capaz de desayunar algo, a pesar de la hora que era. Decidió que se saltaría las clases de la tarde y se concentraría en transcribir la grabación de la noche anterior para ganar tiempo y hacer la tarea menos pesada que si lo dejara todo para el final. Encendió el portátil, y cuando termino de arrancar, puso en marcha la grabadora.

Al principio se tomó su trabajo con la concentración propia de un autómata escribiente. A pesar de unos extraños sonidos que interferían en lo grabado, tecleaba a buen ritmo ya que era algo que hacía continuamente y apenas necesitaba detener la grabadora para escribir algo que no le había dado tiempo o que no había entendido. Al principio no le dio importancia a dichos ruidos, hasta que en un momento dado le pareció que se convertían en una especie de risa desagradable, unas veces, en extraños gruñidos de disgusto, en otras, dependiendo de las repuestas que los Desquiciados daban a sus preguntas. Pero recordaba que durante la entrevista no había nadie en las mesas contiguas… A su mente, vino la imagen de los goblins de la película Dentro del laberinto. Tuvo que detener la reproducción y volver a escucharlo, hasta que se aseguró de que, efectivamente, todo parecía tener cierta relación con la manera en la que se desarrollaba la entrevista. 

Continuó como pudo, presa de una extraña sensación en el cuerpo que se acentuó cuando la grabación llegó al momento en el que Laura le había regado con su cerveza y tuvo que ir al baño. No lo recordaba, pero se había dejado la grabadora conectada esos breves minutos de ausencia. Al escuchar lo recogido en la grabación, no pudo evitar sentir como los pelos de todo su cuerpo se erizaban:
  • – ¡Basta ya, bichejos infectos! – estalló lo que parecía la voz de Laura, aunque mucho más grave, mientras el murmullo aumentaba de volumen ahora que estaban solos – ¡Al próximo que abra la boca se la coseré con sus propias tripas!
El silencio se hizo de golpe.
  • – Eso está mejor – de nuevo la voz de Laura, esta vez más… humana.
  • – Estamos haciendo un favor al chaval – añadió Javi con tono apaciguador -. Está enamorado el pobre. Si es consciente de vuestra presencia tendremos que arreglarlo de algún modo, y nos cae bastante bien como para tener que llegar a esos extremos. Sed comprensivos. De lo contrario…
Después, no se oyó nada durante unos minutos excepto el sonido de unos pasos que se acercaban a donde estaban. Tres ligeros golpecitos sonaron un momento después, Marco supuso que se trataba de la nueva ronda que había encontrado a su regreso a la mesa.
  • – Sera mejor limpiar el local – dijo Laura -. Tal como está el ambiente no quiero sorpresitas.
  • – Sí, además, cuanto antes acabemos mejor para todos. Sobre todo para…
Y la frase se interrumpió cuando, de nuevo, se escucharon otros pasos acercándose. Los suyos.
  • – ¿Ves lo que tengo que aguantar?...
Paró la reproducción y se secó el sudor frío que lo bañaba, mientras trataba de hacer volver a su corazón a su ritmo normal. ¿Pero qué estaba pasando? Durante la entrevista no había notado fuera de lo común, ni en el sitio ni en los propios Desquiciados, pero ahora… 

Era algo muy extraño, y a él, las cosas que escapaban a su comprensión le asustaban bastante. No era muy crédulo que digamos, pero al averiguar la fama de siniestros que tenían los Desquiciados, y más aún, después de ver y leer sus trabajos, una sensación de incomodidad se apoderó de él.

Después de dar muchas vueltas a la cabeza, y tras conseguir reunir el valor suficiente, pulsó de nuevo el botón de la grabadora. Para su tranquilidad, no se volvió a escuchar nada raro, tan solo su voz y la de sus entrevistados, que respondían amablemente a cada pregunta.

Ya más tranquilo, terminó la transcripción y tras repasarla, se tumbó en la cama mirando al techo y pensando de nuevo en lo que había escuchado. Por su cabeza pasó la posibilidad de no acudir a la cita de esa noche, olvidar la entrevista, y no volver a pisar en un kilómetro a la redonda por la taberna, que ahora le parecía de lo más siniestra. Pero, un poco la curiosidad, y otro poco imaginar la sonrisa de María cuando recibiese ese regalo, disiparon todas sus dudas y se levantó de nuevo para preparar las preguntas que haría más tarde a esos dos… personajes.